“El desarrollo de estas tecnologías debe ampliar las capacidades humanas, facilitar tareas y crear nuevas posibilidades, procurando que la persona que trabaja no quede reducida a una simple pieza prescindible dentro del proceso productivo”, afirmó en su discurso en la plaza de la Independencia de Montevideo, ante miles de personas.
El sumo pontífice señaló que el trabajo debe ser “uno de los cauces” que permita a cada persona “desarrollar sus capacidades” a fin de alcanzar la “autonomía”. “Conviene recordar que el trabajo está en función del hombre y no el hombre en función del trabajo”, expresó.
Asimismo, sostuvo que no “puede medirse el valor de una persona por lo que produce o por su trabajo”, enfatizando que “la dignidad fundamental de cada persona no debe no debe ganarse ni necesita ser demostrada”.
El pontífice extendió su crítica haciendo hincapié en el hecho de que “la manera en que se organiza y orienta la economía, termina repercutiendo directamente en las condiciones de vida de las personas y en sus posibilidades de construir su propio futuro”.
“La creación de riqueza, la inversión y la iniciativa económica, tanto pública como privada, son necesarias para el desarrollo de un país, pero sus frutos han de traducirse también en bienes y oportunidades que alcancen efectivamente a todos, pues son las personas concretas las que cuentan, cada una de ellas y sus familias”, remarcó.
Los grandes problemas de la sociedad contemporáneaLeón XIV también hizo mención sobre los problemas sociales que padecen muchas sociedades, como “la soledad, la angustia y la pérdida de esperanza”. “Pueden llegar a ser tan profundas que una persona deje de encontrar razones para continuar viviendo", dijo.
“Ante la dolorosa realidad del suicidio: la atención sanitaria, los vínculos familiares y la cercanía de la comunidad resultan inseparables. Nadie debería llegar a sentirse extraño entre los suyos ni pensar que su ausencia importa menos que su presencia”, manifestó.
En esta misma línea, el líder de la Iglesia católica abordó la exclusión en el acceso a derechos esenciales como la salud y advirtió sobre la vulnerabilidad de aquellos ciudadanos que carecen de medios para recibir tratamientos oportunos.
“La enfermedad, la discapacidad, el dolor físico, la pérdida de autonomía, la pobreza, la falta de trabajo o la exclusión pueden hacer especialmente necesaria la ayuda de los demás. Recientemente he experimentado en primera persona las limitaciones que impone la enfermedad y he recibido cuidados por los que estoy profundamente agradecido. Esta experiencia me lleva a pensar en tantos hombres y mujeres que carecen de medios para obtener un diagnóstico oportuno o recibir los tratamientos que necesitan. Procurar que la atención sanitaria esté al alcance de cada persona, independientemente de sus recursos, es una responsabilidad que interpela a toda sociedad”, añadió.


