Quienes trabajamos en derecho internacional y violencia de género tenemos muy clara la importancia de la sentencia del caso Akayesu del Tribunal Penal Internacional para Rwanda (TPIR) de 1998. Dicho caso constituye un hito para la defensa de los derechos de las víctimas de violación sexual, ya que no solo se reconoció este delito como un crimen de lesa humanidad, sino también como un acto constitutivo del genocidio. Asimismo, amplió la definición de violación sexual, estableciendo que no se limitaba a la invasión física del cuerpo humano y que podía incluir actos que no involucraran la penetración o incluso el contacto físico.
Navi Pillay presidía el Tribunal de Rwanda en ese momento y tuvo un rol fundamental en este desarrollo, que cambió la historia de las víctimas de violencia sexual y de los derechos humanos en general. Nacida en Sudáfrica y perteneciente al grupo tamil, Navi creció en pleno apartheid y, desde sus inicios, fue defensora de los derechos humanos y de los opositores a este régimen de segregación. Su solidez jurídica y sus convicciones en la defensa de los derechos humanos la llevaron al TPIR, a la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y a la Corte Internacional de Justicia, entre otras posiciones relevantes.
El Premio Nobel de la Paz que se le acaba de otorgar no solo es un reconocimiento a su trayectoria profesional, sino también un respiro en los tiempos que vivimos, en los que muchos líderes políticos desconocen la vigencia de los derechos humanos y sus compromisos internacionales, repitiendo discursos violentos y negacionistas que construyen enemigos a partir de la deshumanización de quienes se oponen y resisten.
«Me felicitan por mi coraje, pero ¿por qué se necesitaría coraje para decir la verdad?», comentó Navi al enterarse del premio, en referencia a su informe sobre el genocidio en Gaza. Con sencillez y claridad, sin gestos grandilocuentes y con la serenidad que se logra cuando se lucha por lo correcto, Navi Pillay nos recuerda que sin derechos humanos no hay paz y, sobre todo, que aún podemos tener esperanza.


