Los dos grupos de perros de Chernóbil están separados por apenas 16 kilómetros, pero presentan diferencias importantes en su composición genética. Investigaciones anteriores demostraron que los animales que viven en la ciudad tienen similitudes con los canes de Rusia, Polonia y otras regiones cercanas. Sin embargo, aquellos que habitan en las inmediaciones de la central nuclear presentan características genéticas particulares, especialmente en regiones relacionadas con la reparación del ADN.
Un nuevo estudio publicado en la revista científica Genes investigó las posibles causas de estas diferencias y encontró señales compatibles con un proceso de selección natural. El hallazgo abre nuevas preguntas sobre cómo las condiciones ambientales pudieron influir en la composición genética de estos animales.
¿Por qué los perros de Chernóbil son diferentes?
Las investigaciones previas ya habían identificado una marcada separación genética entre los perros que viven en las instalaciones de la central nuclear y aquellos que habitan en la ciudad.
La selección natural pudo haber moldeado su capacidad de supervivencia en condiciones ambientales extremas. Foto: Shutterstock“Este trabajo cierra algunos cabos sueltos de nuestra investigación anterior, en la que, al caracterizar la estructura genética de la población, descubrimos que, aunque estos dos grupos de perros están geográficamente muy cerca, presentan un grado muy elevado de diferencias genéticas, y esas diferencias no se deben a mutaciones”, explicó Megan Dillon, investigadora de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad Estatal de Carolina del Norte.
A partir de este descubrimiento, el equipo quiso determinar si las diferencias podían explicarse por selección natural o por deriva genética, un proceso en el que las variantes hereditarias cambian de frecuencia al azar, especialmente cuando una población permanece aislada y tiene pocos individuos.
Encontraron rastros de selección direccional en más de 100 lugares
Para investigar el origen de estas diferencias, los científicos compararon los perros de la central y de la ciudad con poblaciones de reproducción libre de Europa oriental y con un grupo aislado de las islas Galápagos.
El análisis identificó más de 100 regiones del ADN con señales compatibles con selección direccional. Algunas contienen genes relacionados con la reparación y replicación del ADN, la regulación del ciclo celular, el desarrollo del cáncer y el funcionamiento del sistema inmunitario.
Los investigadores también observaron que la población cercana a la central no presentaba la reducción de diversidad genética que cabría esperar si la deriva genética hubiera tenido un papel predominante. Otro resultado inesperado fue que los perros de la ciudad de Chernóbil tenían mayor similitud genética con los de Galápagos que con los que viven cerca de la instalación nuclear.
“Aunque no podemos afirmar con certeza que lo que hemos encontrado pueda confirmarse directamente como selección, sí encontramos señales genómicas que sugieren que existe”, señaló Dillon.
¿Cómo pudieron sobrevivir los perros en un entorno contaminado?
Las diferencias genéticas abren una posibilidad: que algunos perros ya tuvieran variantes hereditarias que les permitieron sobrevivir mejor a las condiciones ambientales de la zona. Con el paso de las generaciones, esas características pudieron hacerse más frecuentes.
Sin embargo, esto no significa que los animales hayan desarrollado nuevas mutaciones para resistir la radiación ni que sean inmunes a sus efectos.
Matthew Breen, profesor de Genética Oncológica Comparada de la misma universidad y autor correspondiente del estudio, explicó que la supervivencia podría estar relacionada con características que los animales ya poseían antes de exponerse al entorno contaminado.
“La consecuencia quizá no llegó al punto de modificar el genoma de los perros para que pudieran adaptarse. Es posible que aquellos que lograron sobrevivir a las primeras exposiciones ya contaran con esta diversidad genética y con variantes que les proporcionaban una mayor capacidad de supervivencia”, indicó Breen.
El investigador también reconoció que esta explicación sigue siendo una hipótesis y que todavía no se conoce exactamente qué ocurrió. Por ahora, el estudio aporta indicios de selección natural, pero no demuestra que la radiación de Chernóbil haya provocado los cambios genéticos observados.


