En febrero de 1868, Miguel Grau Seminario había asumido por primera vez el mando del histórico monitor Huáscar, la nave con la que quedaría unido para siempre a la historia naval peruana. Cuatro años después, en julio de 1872, había defendido la constitucionalidad y el orden democrático frente al golpe de Estado encabezado por los hermanos Gutiérrez, quienes se sublevaron contra el gobierno legítimo de José Balta.
A pesar de esa imagen de marino acendrado y ciudadano respetuoso de los principios democráticos y de la justicia, Grau afrontó en tierra firme un contratiempo que tomó muy en serio: la pérdida de su cartera durante un viaje en el tren del Callao a Lima. Su preocupación fue tal que publicó, en dos días consecutivos, un pequeño pero detallado aviso en las páginas de El Comercio.
Un “clasificado” de aquellos tiempos, de los que el diario Decano ya ponía a disposición de sus lectores para avisar, comunicar o simplemente dejar constancia de algún suceso importante o memorable de la vida cotidiana.
LA CARTERA PERDIDA DE MIGUEL GRAU
¿Qué ocurrió ese domingo 22 de marzo de 1874? El futuro héroe naval viajaba en el ferrocarril que unía el Callao con Lima, un moderno y eficaz medio de transporte inaugurado en mayo de 1851. Durante aquel trayecto, Grau perdió su valiosa cartera, aunque el aviso publicado después no permite determinar si fue extraviada o sustraída. En su interior llevaba documentos de carácter personal, relacionados únicamente con el entonces capitán de navío Miguel Grau.
Era, sin duda, un objeto de especial valor: una cartera de auténtico cuero ruso, un artículo de lujo en aquella época. En la década de 1870, este tipo de cuero solía presentar una característica tonalidad rojo-marrón o pardo rojizo, propia de un accesorio que, además de práctico, denotaba cierto estatus.
Su superficie, elaborada en piel de becerro o cabra, presentaba el característico patrón de rombos o cuadros entrecruzados, generalmente estampado a mano mediante rodillos o planchas. La cartera respondía al estilo de los accesorios de bolsillo de la época: estructura rígida, costuras hechas a mano con hilo encerado, bordes pulidos y pequeños herrajes de latón o acero.
En El Comercio no se publicó una nota sobre aquel incidente menor, por lo que no existen mayores detalles sobre las circunstancias exactas de la pérdida o el posible robo. Sin embargo, el diario Decano permite precisar que el hecho ocurrió el domingo 22 de marzo de 1874, a la una de la tarde. Así lo demuestra un aviso o “comunicado” que el propio Grau mandó publicar al día siguiente, lunes 23 de marzo, en la sección “Avisos Nuevos”, bajo el subtítulo “Gratificación”. Su propósito era recuperar su preciada “cartera de cuero de Rusia”.
AVISOS NUEVOS
GRATIFICACIÓN—Se dará de cien soles á la persona que entregue en la calle de Lescano N. 22 en el principal, una cartera de cuero de Rusia, conteniendo algunos papeles, recibos y seiscientos y pico de soles en billetes de Banco, tarjetas con el nombre del capitán de navío Miguel Grau. Dicha cartera se ha perdido en uno de los coches del tren que salió del Callao para Lima á la una de la tarde de ayer. Los papeles y recibos no tienen valor ninguno para la persona que los haya encontrado.
Lima, Marzo 23 de 1874.
GRAU, MARCHA RESIGNADO AL SUR DEL CONTINENTE
Tanta fue la preocupación de Miguel Grau por recuperar su cartera perdida que volvió a publicar el mismo aviso de “Gratificación” el martes 24 de marzo de 1874. Al parecer, tampoco obtuvo resultados, pues, quizá con cierta resignación, partió del Callao al día siguiente, miércoles 25 de marzo, a bordo del vapor “Ayacucho”.
El capitán de navío Miguel Grau emprendió así viaje hacia el sur del continente. En una breve nota, el diario Decano informó que el marino se dirigía a Punta Arenas, en la región de Magallanes, Chile, siguiendo recomendaciones relacionadas con su salud.
El extremo austral del continente era, por entonces, un destino remoto para la mayoría de los viajeros peruanos. La partida de Grau no pasó inadvertida entre quienes seguían la trayectoria de uno de los oficiales más destacados de la Marina nacional, cuya figura ya concitaba respeto dentro y fuera de las filas navales.
“Entre los pasajeros que ayer salieron de este puerto en el vapor ‘Ayacucho’ se encuentra el capitán de navío señor don Miguel Grau, comandante del monitor ‘Huascar’, que se dirige á Punta Arenas, Magallanes, por motivos de salud”, se leía en una de las notas breves provenientes del Callao, redactadas por el periodista corresponsal en el puerto, José Antonio Miró Quesada.
A su regreso, ya recuperado de sus problemas de salud, Miguel Grau fue nombrado comandante de la Escuadra de Evoluciones. En ese cargo recorrió el litoral peruano entre el Callao e Iquique y participó en la debelación del intento de golpe de Estado encabezado por Nicolás de Piérola contra el gobierno de Manuel Pardo, en diciembre de 1874.
Al año siguiente, en 1875, Miguel Grau Seminario fue elegido diputado por la provincia de Paita (Piura), con el respaldo del Partido Civil. Al iniciarse la Guerra del Pacífico, en abril de 1879, volvió al mando del Huáscar y, pocos meses después, se produjo su inmolación en el Combate de Angamos, el 8 de octubre de 1879. De aquel episodio han transcurrido ya 147 años.
De su “cartera de cuero de Rusia”, en cambio, nunca más se supo.


