Cómplice en el proyecto de J.M. Coetzee de traducir los “Yaravíes” del poeta Mariano Melgar, Valerie Miles, directora de la influyente revista “Granta en Español”, compartirá con el Nobel sudafricano dos espacios en el Hay Festival de Arequipa enfocados en la divulgación de la obra del vate arequipeño.
Consultada por El Dominical, ella recuerda cómo el escritor le envió un borrador de la traducción del poema “Salid del pecho angustiado”, que sigue siendo uno de sus favoritos. Al comenzar a leer con atención a Melgar, la editora e investigadora estadounidense se sorprendió con la dulzura y la desnudez de aquel lenguaje, en una época recargada de retórica. Luego, en Madrid, ambos comentaron los poemas y decidieron intentar una traducción completa.
“Me embarqué en nuestro proyecto colaborativo con ciertas reservas, e incluso escepticismo: ¿por qué implicarme en acercar a un público extranjero la poesía de un escritor peruano desdichado en amores cuya obra conocía entonces de manera superficial?”.
Sin embargo, Miles recuerda el comentario que el escritor e historiador Aurelio Miró Quesada Sosa formuló en su clásico “Historia y leyenda de Mariano Melgar”. “Él decía que los yaravíes eran, de algún modo, una forma equivalente al cante jondo y, a pesar de todas las diferencias obvias, me hizo pensar en García Lorca”, comenta.
Como ella advierte, en las obras que se conservan el poeta Melgar parece sentirse atraído no tanto por la amada en sí como por la experiencia de sentir. “Con Silvia, la vida emocional e intelectual de Melgar colisionan. Como un científico que se ha convertido en el sujeto de su propio experimento, el poeta escribe como si se descubriera perpetuamente en el acto de sentir, atraído por el misterio de cómo el sentimiento se apodera del alma y la altera. El amor y la pérdida le otorgan un vocabulario emocional que va más allá de los límites del intelecto. Silvia lo hace carne”, explica.
—Lejos del retrato oficial —
Valerie Miles sabe que en este proyecto de traducción al inglés no faltarán quienes discutan sus perspectivas y quizá se ofendan por encontrar alguna audacia. “Su literatura era rebelde en sí misma, desafiaba las convenciones del neoclasicismo e introducía las corrientes quechuas. Sus fábulas están llenas de una sátira mordaz, y pongo en duda si escribió algunos de sus poemas en clave, ocultando significados que aún no se han descifrado del todo. Melgar era peligroso porque comprendía el poder de la poesía para conmover a la gente”, afirma.
“El poeta que Coetzee y yo presentamos es una figura literaria ensamblada a partir de los vestigios dispersos de una vida lejana en el tiempo y en el espacio. Como traductores, hemos intentado vislumbrar la conciencia que se agita tras los versos. Cuanto más se lee su poesía, más incompleta resulta su imagen tradicional: ejemplar en su comportamiento, quizás, pero bastante más traviesa en la página si uno presta verdadera y absoluta atención. Ciertos poemas insinúan a alguien sutil y juguetón, capaz de decir varias cosas a la vez. No me cabe duda de que el Melgar que presentamos será diferente del Melgar que nos ha legado la tradición”, promete la investigadora.

