María Belén Milla Altabás, voz destacada en el panorama poético peruano, tras “Archipiélago” (2016) y Amplitud del mito (2018), presenta este 2026 “Cazaré lo nuevo señalando tu nombre”, que reafirma su rechazo a las etiquetas literarias y las fórmulas comerciales que limitan la creatividad.
“La verdad es que no me gustan las etiquetas porque no suman; más bien imponen caminos que impiden reinventarte en cada libro. No me gusta volver a escribir el mismo libro una y otra vez; aunque suelen aparecer ciertas obsesiones o temáticas recurrentes, me interesa que cada trabajo sea prácticamente irreconocible respecto al anterior. Seguir fórmulas porque funcionan me parece muy peligroso”, dice Milla a Correo.
¿Cazaré lo nuevo señalando tu nombre, es una declaración de principios?
Tenía la intención de crear un libro que de algún modo prometiera algo al lector, centrado en la idea de la promesa y del futuro para reclamarle algo al mundo. Quería un título que ofreciera la promesa de saquear la realidad, invitar a la acción del lector y buscar aquello que no se ha descubierto aún para ser reclamado por nosotros.
Hace algunos años en Amplitud del mito, tocabas temas como la muerte, la familia, la memoria y las relaciones humanas. ¿Sientes que estos persisten?
En este libro particularmente siento que he derrocado a esos antiguos dioses que tenía; me he vuelto un poco iconoclasta porque mi intención fue explorar temas nuevos. Aunque regresan ciertas obsesiones como la política o un eros politizado, me parece que es mi libro más provocador, un desafío para ensayar una fantasía anárquica e ir, a través de la poesía, hacia la batalla contra la realidad entendida como un orden que nos ha traicionado.
¿Cómo fue el proceso de creación de ‘Cazaré lo nuevo señalando tu nombre?
Este libro empezó siendo un solo poema que fui trabajando y extendiendo al punto de que el libro entero —de más de 100 páginas— es un solo poema largo. Me di cuenta de que el poema original contenía multitudes y se desbordaba hacia distintas direcciones, por lo que decidí no resistirme a la forma tradicional de poema corto y simplemente me dejé llevar por la aventura. Funciona casi como una larga canción de revancha que incluso me gusta cantar cuando lo recito o lo presento.
¿Desde Amplitud del mito a tu nuevo poemario cómo ves tu evolución poética?
Siento que soy una persona completamente distinta y ya no me reconozco en esos primeros libros en absoluto. La gente me sigue hablando de Amplitud del mito, por ejemplo y en un recital reciente, una persona llevó mi primer libro, Archipiélago, junto con mis demás obras para que se los firmara; al hojearlos, comprobé que ya no me reconozco en ellos y que estoy en otro momento. ¿En qué no te reconoces? Siento que era muy cándida y optimista frente al lenguaje y la realidad, pero es la candidez natural de todo inicio-
Después el mundo nos va endureciendo…
Totalmente de acuerdo. Aunque me lo propusiera, ya no podría volver a ese estado primigenio y limpio de alguien que escribe un poema por primera vez. Como parte de la evolución artística, ahora escribo con más carga y más intención.
¿Crees que aún hay quienes piensan que la poesía llega cuando aparece la musa?
No hay nada más lejos de la realidad. Escribir un poema exige mucha más rigurosidad y trabajo que escribir una novela de 300 páginas. En la poesía no hay espacio para el error: todo es exactitud, precisión y una cirugía con bisturí.
El poemario termina con una frase contundente: ‘Y el acto más bello bajo el sol no será un acto de poder’. ¿Qué significado le das?
El libro aborda la idea de desmantelar el poder e ir contra la lógica del mercado y la producción. Ninguna poesía puede estar del lado del poderoso; la poesía es un género al margen de la rentabilidad comercial y representa una forma de resistencia al capitalismo que quiere consumirlo todo.
La poesía siempre será sinónimo de libertad…
Me gusta escribir con libertad absoluta, sin rendir cuentas a nadie y rescatando la belleza de un mundo anárquico, libre y salvaje. Sería lamentable ver a poetas al servicio del poder o escribiendo para contentar al poderoso; la poesía existe para defender nuestro reino, que es el reino del lenguaje.


