Recibir una mala calificación puede generar frustración, tristeza, enojo o incluso miedo a decepcionar a los padres. Frente a estas situaciones, el acompañamiento de las familias y el colegio cumple un rol fundamental para ayudar a los estudiantes a gestionar sus emociones, comprender qué ocurrió y encontrar oportunidades de mejora, comenta Javier Rojas, Coordinador de Bienestar del Colegio de la Inmaculada Jesuitas.“Una mala nota puede generar una sensación de fracaso, especialmente cuando el estudiante siente que no tuvo el resultado esperado. En esos momentos, es mejor ayudarlo a entender que una calificación representa un resultado puntual y no define su capacidad. Escuchar lo que siente, analizar qué ocurrió y pensar en cómo afrontarlo son pasos necesarios, pero este acompañamiento se fortalece cuando existe una comunicación cercana entre la familia y el colegio”, explica Rojas.Más allá de una calificación específica, acompañar el desempeño académico implica conocer cómo aprende cada estudiante, identificar las dificultades que puede estar enfrentando y establecer acciones para ayudarlo a avanzar. El especialista señala que en este proceso, familias y docentes cumplen roles diferentes, pero complementarios. Mientras el entorno familiar puede brindar contención, acompañamiento y apoyo para desarrollar hábitos, desde el colegio se pueden identificar necesidades, orientar al estudiante y plantear estrategias de aprendizaje.¿Cómo trabajar juntos familia y colegio?1. Escuchar y comprender antes de corregir. Ante un resultado que no cumplió con las expectativas, es mejor conocer cómo se siente el estudiante antes de centrarse inmediatamente en lo que hizo o dejó de hacer. Validar su frustración no significa justificar un bajo rendimiento, sino reconocer la emoción para luego comprender qué ocurrió. Esta información también puede ayudar al colegio a conocer mejor las necesidades del estudiante y orientar el acompañamiento.2. Separar el resultado de la persona. Una calificación corresponde a una evaluación específica y no debería convertirse en una etiqueta sobre las capacidades del alumno. Frases como “eres malo para esto” pueden reforzar una percepción negativa de sí mismo. Tanto en casa como en el colegio, es necesario transmitir que una dificultad puntual puede ser trabajada y que los errores forman parte del proceso de aprendizaje.3. Identificar qué se puede mejorar. Una vez que disminuye la frustración inicial, familias y docentes pueden ayudar al estudiante a analizar qué factores pudieron influir en el resultado. Puede tratarse de dificultades para comprender un tema, organizar el tiempo, prepararse para una evaluación o desarrollar determinados hábitos de estudio. Identificar la causa permite plantear respuestas más adecuadas en lugar de centrarse únicamente en la calificación.4. Mantener una comunicación cercana. Compartir información entre la familia y el colegio permite tener una visión más completa del proceso del estudiante. Las dudas sobre determinados aprendizajes, cambios en sus hábitos o dificultades que se presentan en casa pueden ser relevantes para que docentes y familias encuentren conjuntamente mejores formas de acompañarlo.5. Convertir las dificultades en acciones concretas. A partir de lo identificado, se pueden establecer objetivos realistas y acuerdos que ayuden al estudiante a avanzar. Organizar horarios de estudio, reforzar determinados conocimientos, acercarse al docente para resolver dudas o solicitar orientación cuando sea necesario son algunas alternativas. El seguimiento posterior permite reconocer los avances y ajustar las estrategias cuando sea necesario.
“La escucha, el seguimiento y la comunicación cercana nos permiten identificar las necesidades de cada estudiante y brindarles orientación de acuerdo con su proceso. Cuando familia y colegio trabajan de manera articulada, podemos acompañarlos no sólo frente a una dificultad puntual, sino también en el desarrollo de la confianza, la autonomía y las herramientas que necesitan para seguir aprendiendo”, concluye Rojas.


