La malaria y el dengue son las dos enfermedades infecciosas transmitidas por mosquitos más comunes en el mundo. Según el último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la malaria, en 2024 se registraron 282 millones de casos con 610 000 muertes. En cuanto al dengue, según la OMS, cerca de la mitad de la población mundial corre riesgo de contraer esta enfermedad y se estima que cada año ocurren entre 100 y 400 millones de infecciones.
Los responsables de la transmisión de estas infecciones son los mosquitos del género Anopheles, para la malaria, y Aedes, para el dengue. Insectos cuya proliferación tiene que ver con las variaciones climáticas, como el aumento de la temperatura por el cambio climático, así como la humedad y las lluvias.
Un reciente artículo publicado el pasado 2 de octubre en la revista Science Advances, indagó, mediante revisión de estudios previos, qué está pasando con estas dos enfermedades, su relación con el cambio climático y cómo otros factores no climáticos afectan a estas enfermedades infecciosas.
“Nuestro objetivo con este artículo es describir los complejos vínculos entre los factores climáticos y la transmisión de la malaria y el dengue, así como el papel que desempeñan los factores no climáticos en dicha transmisión”, explica Toby Cummings, coautor del artículo e investigador de la Universidad Monash en Melbourne, Australia.
La investigación Cómo afecta el cambio climático a las enfermedades infecciosas transmitidas por mosquitos: las diferentes trayectorias de la malaria y el dengue señala que pese a que los factores climáticos tienen efectos similares en la transmisión de la malaria y el dengue, la trayectoria de ambas enfermedades ha sido muy diferente desde mediados del siglo XX. Por un lado, la malaria ha estado en declive; mientras que el dengue está expandiéndose rápidamente.
La investigación también indica que los factores climáticos no son los únicos que determinan la transmisión de las enfermedades causadas por estos vectores, sino que también se deben tomar en cuenta la movilidad de las personas, el crecimiento demográfico, los niveles de inmunidad, el cambio de uso del suelo, la urbanización, las intervenciones de control y la calidad de los sistemas de salud.
¿Qué está pasando con la malaria y el dengue?
“Si logramos comprender este panorama complejo, podremos orientar mejor las intervenciones, incluidas las medidas de control de mosquitos y las estrategias de prevención”, afirma Cumming.
Cumming explica que el cambio climático no solo favorece la proliferación de los mosquitos, sino también la de los patógenos que transportan. En el caso de la malaria, es el parásito Plasmodium el que se desarrolla más rápidamente a temperaturas más elevadas; y en el caso del dengue, es el Flavivirus el que se replica con mayor rapidez a temperaturas más altas.
Sin embargo, los factores climáticos no son los únicos que influyen en la presencia de estas infecciones. “Uno de los principales hallazgos de nuestra revisión fue que los factores no climáticos pueden ayudar a explicar las diferentes trayectorias de ambas enfermedades: la malaria muestra un descenso a largo plazo, mientras que el dengue sigue aumentando”, añade Cumming.
“La urbanización, por ejemplo, es un buen caso”, acota Cumming. Los mosquitos transmisores del dengue, explica, depositan sus huevos en recipientes artificiales, por tanto, están muy bien adaptados a las ciudades. “Dado que la población mundial tiende a vivir cada vez más en núcleos urbanos, esto ha favorecido la transmisión del dengue”, agrega el investigador.
Por el contrario, explica Cumming, los mosquitos que transmiten la malaria prefieren entornos naturales y aguas estancadas para reproducirse y poner sus huevos, por ello, la urbanización, lejos de favorecerla, ha limitado la malaria.
“Las proyecciones sugieren que el cambio climático seguirá expandiendo el rango geográfico que es apropiado para la transmisión”, se explica en el documento de la investigación. También se argumenta que lo que impulsa la incidencia de la malaria y el dengue “es una compleja combinación de variables climáticas, condiciones ambientales localizadas y multitud de factores no climáticos, incluidos el cambio de uso del suelo, la urbanización, el crecimiento demográfico, el movimiento de personas, la inmunidad de la población, la resistencia a los insecticidas y medicamentos, las intervenciones de control y la calidad de los sistemas de salud”.
En la investigación también se menciona que “aunque a largo plazo la malaria está en declive, los datos indican que en la última década hubo un aumento de la incidencia del 8.5 %”. “La mayor parte del resurgimiento de la malaria durante el último siglo se ha asociado con un debilitamiento de las medidas de control de la malaria, a menudo por las limitaciones de recursos, pero también debido a guerras o desastres”.
En el caso del dengue, la preocupación es mayor por su rápido aumento y, debido a esto,“están surgiendo nuevas intervenciones para el dengue que incluyen vacunas parcialmente efectivas y estrategias innovadoras de control de mosquitos”, señala la investigación.
Un factor adicional a tomar en cuenta actualmente es la presencia del fenómeno El Niño. Sobre este tema Cumming menciona que “este fenómeno altera los patrones de temperatura y precipitaciones, pero es imposible establecer una relación única entre El Niño y las tasas de malaria y dengue, ya que los efectos dependen mucho de la ubicación geográfica”, aclara. “Si bien hay factores globales como El Niño que influyen en la transmisión de estas enfermedades, modelar con exactitud cómo funciona dicha relación puede resultar muy complejo”, precisa.
Malaria y dengue en Latinoamérica
Un informe del Instituto Nacional de Salud de Colombia, de 2020, señala que en América Latina hubo una disminución sostenida de malaria entre 2005 y 2014, sin embargo, desde 2015 hasta 2019 se presentó un incremento en el número total de casos principalmente en Brasil, Colombia, Guyana, Nicaragua y Panamá.
“En Colombia, por ejemplo, cambió la proporción del parásito más abundante, pues siempre había sido Plasmodium vivax, el parásito más común en Colombia, pero en 2016 empezó a aumentar la proporción del Plasmodium falciparum, que es el mismo que hay en África y que, normalmente, acá estaba en una proporción menor. Con el tiempo se estabilizó en un 50 % de ambos y ahora nuevamente está dominando vivax”, comenta Camila González, profesora asociada del departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad de Los Andes, en Colombia, e investigadora del Centro de Investigaciones en Microbiología y Parasitología Tropical (CIMPAT).
“Son dinámicas muy particulares, muy difíciles de predecir, no hay certeza de qué lleva a esos cambios para que ahora domine otro parásito”, agrega González y menciona que ello puede estar relacionado con las migraciones humanas.
De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en América Latina, en 2023, se registraron 505 600 casos de malaria, de ellos, el 92 % ocurrieron en Sudamérica. Brasil, Venezuela y Colombia concentraron el 80 % de todos los afectados.
El organismo internacional también señala que “los pueblos indígenas continúan siendo desproporcionadamente afectados”. En 2023, por ejemplo, representaron el 31 % de todos los casos de malaria y el 41 % de las muertes relacionadas con esta enfermedad en la región.
González también menciona casos como el de Venezuela, donde existe dificultad para el acceso al diagnóstico y al tratamiento de la malaria. El informe anual Situación de los Derechos Humanos en Venezuela 2025, elaborado por la organización Programa Venezolano de Educación Acción en Derechos Humanos (Provea) da cuenta de esta situación, sobre todo con respecto a lo que sucede en las poblaciones indígenas.
La investigadora colombiana también menciona que la mayoría de las enfermedades transmitidas por vectores están incluidas en un grupo denominado “enfermedades tropicales desatendidas”, que son aquellas para las que no hay suficiente recursos para investigación, tratamiento y prevención, pero la malaria no está en ese grupo. “La malaria es la enfermedad que más recursos tiene, no es una enfermedad olvidada, y eso puede ser lo que genera ese efecto de disminución. No es porque haya condiciones climáticas que están favoreciendo la disminución, sino que esto va acompañado de todos los planes de eliminación de malaria”.
En cuanto al dengue, según la OMS, en 2024 los casos en Latinoamérica fueron un 437 % superiores al promedio de los últimos cinco años. Esta epidemia se ha extendido a zonas del sur de Brasil y el norte de Argentina, donde el virus del dengue no representaba un problema grave anteriormente.
César Munayco, director general del Centro Nacional de Epidemiología, Prevención y Control de Enfermedades del Ministerio de Salud (Minsa) de Perú, recuerda que en 2023 y 2024 ocurrió la epidemia más grande de la historia del dengue.
Munayco explica que en el caso de Perú, por ejemplo, el principal problema para la expansión del dengue es el agua, porque casi el 45 % de la población no tiene acceso al recurso las 24 horas del día. En lugares con limitado acceso al recurso, la población almacena agua en contenedores que se convierten en el hábitat perfecto para la reproducción del insecto, sobre todo durante la temporada de calor. Por ello, se recomienda tapar adecuadamente estos recipientes para evitar la presencia de los mosquitos.
“Este es el mayor problema y justo ocurre en las regiones donde tenemos mayor incremento de casos de dengue, que es la Amazonía. También en la costa norte donde solo entre el 16 % y 22 % de la población tiene agua las 24 horas del día. Son varios factores que se unen y agudizan el problema”.
El experto del Minsa pone otro tema sobre la mesa: la inmunidad. Al respecto explica que las epidemias de 2023 y 2024 en Perú han generado cierta protección, evitando que ocurra un incremento abrupto de dengue como se presentó en esos años. Aclara que pese a las condiciones climáticas actuales, considerando la presencia de El Niño, “la inmunidad previa frena un incremento mayor” de dengue.
Sin embargo, Munayco destaca que esa inmunidad puede durar entre año y medio y dos años, y aclara que sólo aplica para contagios con la misma cepa del virus y, hasta el momento, se conocen, cuatro cepas que producen el dengue. “Cuando ocurren epidemias, como en 2017, generalmente después disminuye el número de casos, porque se ha generado inmunidad para los siguientes dos o tres años. Son factores importantes a tener en cuenta”.
Munayco señala que se están implementando algunas estrategias en Perú como la vacunación contra el dengue, que empezó en cuatro regiones, pero se ha ampliado a otras tres. No obstante, señala que los recursos para frenar esta afección pueden resultar insuficientes.
Con relación a la malaria, el experto explica que la mayor cantidad de casos en Perú (cerca del 99 %) se presentan en la región Amazónica de Loreto. Menciona que en 2023 y 2024 hubo un incremento de casos y que una situación similar ocurrió en otros países de Latinoamérica debido a las altas temperaturas, a las deficiencias en el abastecimiento de agua las 24 horas del día y a las limitadas intervenciones.
El artículo original fue publicado por Yvette Sierra Praeli en Mongabay Latam. Puedes revisarlo aquí.
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