¿Alguna vez un niño te ha preguntado lo mismo varias veces, incluso después de recibir una respuesta? Aunque esta conducta puede parecer una señal de impaciencia o falta de atención, la ciencia ofrece una explicación diferente. Una investigación publicada en la revista Child Development encontró que los menores en edad preescolar pueden insistir con sus consultas cuando las respuestas de los adultos no resuelven sus dudas. De esta manera, repetir una pregunta sería parte de su búsqueda por comprender mejor lo que sucede a su alrededor. Además, sus reacciones permiten identificar qué información necesitan para seguir aprendiendo. A continuación, te contamos qué encontraron los investigadores y por qué conviene prestar atención a las preguntas que los niños repiten durante sus primeros años de vida.
¿POR QUÉ LOS NIÑOS REPITEN UNA PREGUNTA VARIAS VECES?
La repetición de una pregunta puede tener un significado distinto al que los adultos suelen atribuirle. Un estudio publicado en 2009 en la revista científica Child Development examinó las conversaciones de niños pequeños para comprender qué intentaban conseguir cuando formulaban preguntas y cómo cambiaban sus reacciones según la respuesta recibida.
Los investigadores observaron que, cuando una explicación ayudaba a resolver la inquietud, los menores generalmente mostraban conformidad o continuaban conversando sobre un asunto relacionado. En cambio, si la contestación no aclaraba lo que querían saber, podían insistir con la misma consulta o plantear una posible respuesta por cuenta propia.
Por ejemplo, un niño podría preguntar por qué el césped está mojado y recibir como contestación que ha llovido. Aunque el dato sea correcto, quizá todavía necesite comprender cómo la lluvia provoca que las plantas y el suelo se humedezcan. En ese caso, volver a preguntar sería una manera de buscar la información que le falta.
¿CÓMO SE REALIZÓ LA INVESTIGACIÓN SOBRE LAS PREGUNTAS INFANTILES?
Según informa la plataforma Radio Mitre, el trabajo se desarrolló mediante dos investigaciones que permitieron observar el comportamiento de los menores en circunstancias diferentes. En la primera, el equipo analizó registros escritos de conversaciones cotidianas de seis niños, aproximadamente desde los dos hasta los cuatro años. En esos intercambios participaban sus padres, hermanos y otras personas que los visitaban.
Posteriormente, los científicos realizaron una observación en un laboratorio con 42 niños de entre tres y cinco años. Para estimular sus conversaciones, utilizaron materiales como juguetes, libros y videos, y examinaron las reacciones que aparecían después de las respuestas de los adultos.
Ambas etapas mostraron resultados similares: las contestaciones que ofrecían explicaciones se relacionaban con señales de aceptación, mientras que las respuestas insuficientes solían provocar nuevas preguntas o hipótesis.
¿QUÉ PUEDEN APRENDER LOS PADRES DE ESTE COMPORTAMIENTO?
Los resultados sugieren que escuchar con atención las preguntas infantiles puede ayudar a los adultos a identificar qué aspectos todavía generan dudas en los pequeños. En lugar de interpretar automáticamente la insistencia como desobediencia o falta de concentración, conviene considerar si la explicación proporcionada realmente responde a su inquietud.
Asimismo, el estudio destaca que los niños no se limitan a recibir información, sino que intervienen activamente para comprender las relaciones entre diferentes acontecimientos. Sus preguntas, reformulaciones e ideas propias pueden orientar la conversación hacia aquello que necesitan entender.


