La mitomanía se ha hecho cada vez más común y quienes la practican no tienen reparos en continuar maquillando la situación, recurrir a la negación, ataque o hacerse pasar por víctimas para voltear la culpa. De seguro te pasó en alguna ocasión que estabas teniendo una conversación importante con tu pareja, le pescaste el engaño y te siguió dando excusas por más que ya te habías dado cuenta o que ese compañero del trabajo que falló en el reporte solo se encargó de crear una versión distinta a la realidad, pese a que el jefe ya lo sabía todo. Y es que muchas personas tienen la costumbre de seguir mintiendo después de ser descubiertos y la psicología analizó qué hay detrás de esto. Los expertos destacan que esta conducta esconde una dificultad para asumir responsabilidades y miedo al rechazo. Aquí te cuento más detalles.
Autoengaño y miedo al rechazo
La psicología explica que quienes siguen mintiendo tras ser descubiertos activan mecanismos de defensa y protección del ego para evitar el impacto emocional de la verdad. Además, buscan enmascarar profundas inseguridades, evadir conflictos, o buscar validación.
La mayoría intenta compensar la baja autoestima y cuando se vuelve incontrolable se conoce como mitomanía o mentira patológica, un problema donde la persona altera la realidad para hacer su vida más interesante o proteger su imagen, tal como lo detalló la psicóloga Patricia Ramírez en un video de YouTube.
Los expertos también señalan que el cerebro utiliza la autojustificación para cambiar la historia que se cuenta a sí mismo y reducir la culpa o la incoherencia con su imagen de “buena persona” y aquí aparece el miedo a la vulnerabilidad y al rechazo, ya que estas personas temen las consecuencias, el castigo, juicio social o la pérdida de control de la situación.
Es aquí donde también intentan confundir al otro o sembrar dudas para maquillar, racionalizar o minimizar el engaño.
Mitomanía o hábitos compulsivos
Las personas que caen en la mentira constante aunque ya el otro se dio cuenta tienen dificultad para asumir responsabilidades, carecen de madurez emocional o tienen un ego frágil; les duele y molesta más haber sido desenmascarados que el daño original que causaron.
Y es que hay quienes sienten una necesidad difícil de controlar de mentir como forma habitual de relacionarse, sintiéndose incluso incómoda al decir la verdad, algo que se conoce como mitomanía, y también recurren a la negación, ataque o hacerse pasar por víctimas para voltear la culpa.
La razón de la mentira frecuente
La psicoterapeuta y autora Alicia Ortiz Ruzafa explicó en la revista ‘Hola!’ que “la psicología parte de la idea de que mentir es una conducta humana frecuente, adaptativa, crucial en la evolución de la especie humana y que denota habilidades cognitivas avanzadas”. Esas mentiras cumplen funciones concretas: “evita conflictos y castigos, ayuda a salir de situaciones comprometidas, proyecta una imagen más positiva de nosotros mismos”, o permite “no hacer daño a alguien en concreto” o “obtener algún tipo de beneficio económico o personal”.
El problema surge cuando deja de ser algo puntual y se convierte en algo persistente. En esos casos, “suele haber dificultades emocionales de fondo, y puede significar una defensa frente a la vergüenza de sentirse insuficiente”. Este patrón es común entre aquellos que buscan constantemente una “validación o admiración” o que les resulta “difícil tolerar la propia vulnerabilidad”.
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