Por un lado están aquellos que eligen mantener la calma y no reaccionar de forma impulsiva, tomarse un segundo para respirar y dejar que el otro siga hablando demostrando así su inteligencia emocional y poder de regulación, mientras que en la otra esquina aparecen los que responden mal o agresivamente cuando los provocan. Frente a esto, la psicología analizó qué hay detrás de las personas que se irritan rápidamente y no pueden controlar sus emociones. Los expertos coinciden en que tienen el sistema nervioso en alerta constante, pero no es lo único. Aquí te brindo más detalles.
Dificultad para regular sus emociones
La psicología explica que reaccionar con mal humor o agresión ante una provocación se debe principalmente a fallos en la regulación emocional y a la activación de un mecanismo de supervivencia.
A esto se suma un sistema nervioso en alerta constante. Cuando una persona tiene un umbral de tolerancia al estrés muy bajo, su cerebro interpreta un comentario o gesto como una amenaza real y libera cortisol de forma automática.
Aquí también aparece la dificultad en la regulación emocional. En lugar de procesar la frustración o el miedo, la persona pierde el autocontrol y descarga una emoción intensa (como ira o impotencia) a través de gritos, desprecio o ataques.
Vivir en hipervigilancia constante
Muchas personas con tendencias agresivas tienen la predisposición cognitiva a ver ataques personales o burla donde en realidad no los hay, ya que tienen un sesgo de interpretación o hipervigilancia.
Reaccionar de mala manera o de forma agresiva puede tener un origen en la infancia y patrones pasados porque vienen de entornos donde el conflicto nunca se resolvió con calma, por lo que asocian la diferencia de opiniones con una lucha de poder en la que “se ataca o se es atacado”.
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