No siempre se debe a simple pereza o falta de voluntad. Mientras que algunas personas no pueden estar tranquilas si llegan a casa y ven la taza del café que tomaron en la mañana en la mesa o que la cama se quedó destendida porque tuvieron que salir rápido, hay otros que se sienten muy cómodos viviendo en un espacio totalmente desordenado y donde se nota que la escoba no se pasó hace varios días. Frente a esto, la psicología analizó qué hay detrás de las personas que no tienen hábitos de orden y limpieza en el hogar y los expertos coinciden en que se enfrentan a una sobrecarga emocional que termina produciendo fatiga mental y dificultad para enfocar la atención. En esta nota te brindo más detalles sobre quienes viven rodeados de cierto caos.
Estas personas se enfrentan a una sobrecarga emocional y cognitiva
Dejar acumular la ropa, los platos o la basura suele asociarse con la tendencia a postergar tareas que generan incomodidad, miedo a equivocarse o aburrimiento. Y es que el cansancio acumulado, la ansiedad o momentos vitales difíciles reducen la energía mental necesaria para encargarse de las labores domésticas.
Sin embargo, un entorno desordenado satura el campo visual y actúa como un recordatorio constante de pendientes, lo que genera fatiga mental, irritabilidad y dificultad para concentrarse.
“Entendemos que el desorden en el entorno doméstico no es un signo unívoco, sino que puede tener significados diferentes según la persona y el contexto. Ciertas investigaciones lo han relacionado con la creatividad, ya que vivir en un espacio menos estructurado puede facilitar la asociación libre de ideas y favorecer la innovación. Sin embargo, también es cierto que un entorno caótico puede reflejar dificultades en la autorregulación o en la organización personal”, explicó la psicóloga Leticia Martín Enjuto a ‘El Mueble’.
Qué significa la dificultad para establecer rutinas
Puede reflejar problemas para sostener hábitos diarios de autorregulación o priorizar las actividades del día a día como trámites, responsabilidades laborales, compromisos personales, rutinas de salud, organización financiera, entre otras.
“La falta de hábitos constantes de limpieza y organización puede tener un impacto negativo en el bienestar emocional, ya que el ambiente físico influye directamente en la manera en que procesamos información y mantenemos la concentración. Cuando vivimos en espacios desordenados, el cerebro se ve obligado a trabajar más para filtrar estímulos que no son relevantes, lo que con el tiempo puede generar fatiga mental y dificultad para enfocar la atención. El desorden también puede afectar nuestro estado de ánimo”, agregó la especialista.
Además, los espacios desordenados suelen aumentar la sensación de estrés, la fatiga mental, la ansiedad y la dificultad para concentrarse. Es aquí donde pequeños cambios en el entorno cotidiano marcarán la diferencia.
Si te interesa la salud y el bienestar, te invitamos a sumarte a nuestros canales de WhatsApp y Telegram.


