En épocas en las que muchas personas acostumbran a narrar todo lo que hicieron en su día o revelar detalles impensados de su vida en las redes sociales, todavía hay quienes prefieren guardar reserva y no contar todo frente a desconocidos o dentro de su círculo más cercano. A primera impresión, esto puede tomarse como una cautela extrema o que se trata de individuos totalmente desconfiados, pero la realidad es otra. La psicología analizó qué hay detrás de esto y los expertos coinciden en que no necesariamente ocultan algo malo, sino que han aprendido a poner límites y valoran mucho su privacidad. En esta nota te cuento más para que puedas entender mejor a algún compañero de trabajo o amigo o puedas hacer un autoanálisis de cómo eres en realidad.
Protección del espacio psicológico y sólida autoestima
La psicología explica que las personas que no cuentan todo sobre sus vidas no necesariamente ocultan algo malo, sino que responden a distintos factores de privacidad, madurez emocional o mecanismos de defensa. Guardar aspectos de la vida ayuda a sostener una identidad propia que no depende de la aprobación, la mirada o el juicio de los demás.
Además, quienes comparten poco suelen tener una autoestima no contingente; no necesitan validación externa constante en redes sociales o círculos sociales para sentirse bien.
Y es que tienen claro que compartir menos también es una forma saludable de poner límites y proteger el espacio personal. “No contar todo lo que nos ocurre no significa ser una persona reservada, desconfiada o tener algo que esconder (…) Hay una diferencia importante entre guardar una parte de nuestra vida por miedo, vergüenza o temor a las consecuencias y decidir con cierta conciencia qué queremos compartir, con quién y en qué momento”, explicó la psicóloga Ana Galán a ‘Cuerpomente’.
Procesamiento interno y valoración de la intimidad
Haber atravesado situaciones de trauma, pérdidas, divorcios o exposición indebida genera una necesidad de proteger la historia personal para evitar ser juzgados o malinterpretados. Hay personas que primero necesitan ordenar lo que sienten o lo que vivieron antes de ponerlo en palabras.
Además, en algunos casos, guardar silencio funciona como un mecanismo de defensa. Para quienes tienen un estilo de apego evitativo, dar explicaciones o abrirse se siente como una pérdida de autonomía o una invasión a su independencia.
“Podemos querer mucho a alguien, confiar plenamente y conservar pensamientos o experiencias que no sentimos necesidad de compartir. Compartir construye cercanía, desde luego, aunque no con la regla de cuanto más, mejor: pesan el contexto, la reciprocidad, cómo responde el otro y que esa apertura sea voluntaria”, agregó la psicóloga.
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