Que levante la mano quién no ha dicho alguna vez ‘estoy a 5 minutos’ cuando en realidad recién está pidiendo el taxi o está atorado en el tráfico. Si bien en las ciudades que se caracterizan por su congestión vehicular es habitual que de un momento a otro cambie el tiempo destinado para llegar de un punto a otro, también es cierto que no todos salen de casa con la debida anticipación y cuando hay que reconocer la tardanza, no se animan a hacerlo o se aparecen sin dar explicaciones; sin embargo, no todos reaccionan así. La psicología analizó qué hay detrás de las personas que sí avisan que están llegando tarde. Los expertos coinciden en que no se trata solo de empatía, sino que buscan priorizar la confianza y honestidad. Aquí te dejo más información.
¿Qué dice la psicología de quienes avisan que están llegando tarde?
Aunque te cueste creer, aún existe personas que sí piensan en otros y alertan de su demora. Desde la psicología, avisar que se llega tarde es un acto de empatía cognitiva y consideración hacia el tiempo y las emociones de la otra persona.
Además, con este gesto se busca una reducción de la incertidumbre, ya que al dar una hora estimada de llegada disminuye la ansiedad y la incomodidad de la espera en quien aguarda y, sobre todo, se prioriza la confianza y honestidad por encima de excusas excesivas ya que tienen claro que unos minutos de espera pueden tener un significado diferente para quien está al otro lado.
No se trata solo de dar explicaciones
La psicóloga Olga Albaladejo explicó a ‘Cuerpomente’ que tomarse un segundo para escribir un mensaje que diga “Llego diez minutos tarde, disculpa”, significa mucho más que avisar del retraso. “Estamos comunicando que hemos pensado en la otra persona antes de que tenga que preguntarnos”.
“La puntualidad tiene mucho que ver con la organización: salir a tiempo, calcular el trayecto o gestionar la agenda. Avisar de un retraso introduce una dimensión distinta, la del vínculo. El mensaje de fondo no es solo “voy a tardar diez minutos”, sino “sé que estás esperando y no quiero dejarte sin información”, agregó.
Además se trata de empatía y “la capacidad de imaginar cómo puede estar viviendo la situación otra persona, aunque su experiencia sea diferente de la nuestra” ya que “una espera breve puede vivirse con tranquilidad si conocemos el motivo y la duración aproximada. Sin información, en cambio, puede interpretarse como desinterés, olvido o falta de consideración”.
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