Si hay algo que comparten muchas personas es su rechazo por viajar en transporte público, ya sea por el terrible tráfico en las ciudades, por lo mal que manejan los encargados o por la falta de ventilación en días de calor. Pese a esto, a muchos no les queda más opción que subirse a un bus y, aunque las condiciones no sean las mejores, siempre agradecen al conductor por parar a recogerlos o al momento de bajar de la unidad. Los expertos en psicología analizaron por qué lo hacen y no parte únicamente de la educación, sino de otras características. Ellos destacan que se trata de reconocimiento y empatía y aquí te brindo más detalles.
Detrás de este gesto hay reconocimiento y empatía
La psicología y la ciencia del comportamiento señalan que dar las gracias al conductor del bus o transporte público va más allá de una simple norma de cortesía: es un reflejo de empatía, consideración y reconocimiento del trabajo ajeno.
Al agradecer, el pasajero rompe el anonimato y la frialdad habitual de los espacios urbanos, viendo al conductor no solo como un puesto de trabajo, sino como una persona que dedica su tiempo y esfuerzo a trasladar a otros.
“Es normal, porque todos tenemos preocupaciones y responsabilidades. Pero, precisamente por eso, detenernos un instante para agradecer al conductor su trabajo tiene un valor especial (…) Cuando algo se convierte en parte de nuestra rutina, dejamos de reparar en todo lo que hay detrás. Dar las gracias rompe, aunque sea brevemente, esa costumbre de dar las cosas por hechas. No significa que debamos agradecer cada obligación de los demás, sino que podemos reconocer el valor de su trabajo sin necesidad de que hagan algo extraordinario por nosotros”, explicó la psicóloga Leticia Martín Enjuto a ‘Cuerpomente’.
De esta manera también se demuestra más consideración por lo que siente o está pasando en ese momento la otra persona ya que talvez tu agradecimiento llega en medio de un día difícil o que la otra persona necesita una palabra de aliento.
“No sabemos cómo ha empezado su mañana, si está teniendo un buen día o si lleva horas trabajando. No necesitamos conocer sus circunstancias para tratarlo con consideración. A veces, precisamente ahí se encuentra la esencia de la empatía: en ser capaces de tener en cuenta a los demás sin necesitar una razón personal para hacerlo”, añadió la experta.
Y es que pequeños gestos como saludar o agradecer activan sensaciones de bienestar y fomentan una convivencia urbana más amable y colaborativa.
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