En este 2026, los peruanos elegimos a todas nuestras autoridades. Después de las elecciones generales, este domingo es el turno de elegir a todos los representantes de los gobiernos subnacionales. Solemos prestar mucha más atención a la elección presidencial, aunque buena parte de la calidad de los servicios públicos que recibimos depende de nuestras autoridades regionales y locales. Este domingo 4 de octubre está en juego mucho más de lo que pensamos.
De estas autoridades depende, en buena medida, cómo funcionan nuestras escuelas y centros de salud, en qué estado están los caminos que nos conectan y si nuestros barrios cuentan con una adecuada limpieza pública y un serenazgo eficaz. Para entender la magnitud de esta elección, basta mirar los recursos que administran estas autoridades. Entre 2007 y 2025, el presupuesto conjunto de los gobiernos regionales y municipales pasó de S/25 mil millones a S/115 mil millones. En términos nominales, se multiplicó en más de 4 veces. Esa es más o menos la dimensión de los recursos cuya administración estamos poniendo en manos de quienes elegimos.
Si bien los gobiernos regionales y municipales han mejorado su capacidad para ejecutar sus presupuestos, todavía dejan importantes recursos sin utilizar. Así, solo en 2025, las municipalidades dejaron sin ejecutar alrededor de S/8 mil millones destinados a proyectos de inversión. Son recursos que podrían contribuir a cerrar brechas de infraestructura y servicios. Ahora bien, ejecutar el presupuesto es el primer paso y tampoco garantiza que esas brechas se reduzcan. Tan importante como cuánto se ejecuta es en qué se gasta y qué mejora gracias a ese gasto. Sobran, por ejemplo, plazas conmemorativas en pueblos que todavía no cuentan con saneamiento.
Las obras paralizadas son una muestra de este problema: se destinan recursos y se avanza en la construcción, pero el servicio prometido sigue sin llegar. A junio de este año, el país registraba 2.262 obras públicas paralizadas, de las cuales más del 80% correspondía a gobiernos regionales y municipales. Detrás de esas cifras hay familias que siguen esperando agua y saneamiento, pacientes que necesitan un establecimiento de salud y comunidades que requieren mejores caminos. El problema de gestión en los gobiernos subnacionales se convierte en un problema cotidiano que todos debemos sufrir, en especial los más necesitados.
Por eso, la medida correcta del éxito de nuestras autoridades subnacionales debe ser la mejora de los servicios. Un centro de salud debe poder atender a sus pacientes, mientras que una conexión de agua debe ofrecer un servicio seguro y continuo. Los gobiernos subnacionales comparten muchas de estas responsabilidades con el gobierno nacional, pero sus decisiones son fundamentales para que los crecientes recursos se conviertan en bienestar.
Al votar este domingo, conviene preguntarnos si los candidatos entienden estas responsabilidades y tienen la capacidad para cumplirlas. Pocas elecciones influyen tanto sobre nuestro bienestar cotidiano como esta. Cuando marquemos la cédula, no estaremos eligiendo solamente alcaldes y gobernadores: estaremos decidiendo quién administrará los recursos que deben convertirse en agua, caminos, escuelas, salud y seguridad. Eso es lo que nos jugamos este domingo.
