Ulises Verón (Ricardo Darín) es un reputado psicoanalista que está a puertas de recibir un premio a su trayectoria. El auditorio está lleno, el público lo recibe con aplausos, él se para en el estrado y saca de su bolsillo la hoja donde lleva escrito un discurso. Pero, para sorpresa de los asistentes, Verón afirma que en Argentina hay un exceso de psicoanalistas y que él considera que no están haciendo lo suficiente por su profesión. En ese tono autocrítico, decide no aceptar la condecoración y deja el trofeo sobre el podio.
Así comienza “Lo dejamos acá”, película argentina dirigida por Hernán Goldfrid para Netflix. Desde su arranque podríamos adivinar que se trata de una producción de esa plataforma: hay una musicalización bastante simplona para preparar el terreno del suspenso, una iluminación que intenta ser sofisticada, y una dirección de arte demasiado prefabricada, como si cualquier espacio o escenario tuviera que tener el orden de un catálogo. Solo ese inicio nos atrapa en una artificiosidad incómoda.
Lo que sigue es una mezcla de thriller y comedia, centrado en los métodos de Verón: frente a la ya mencionada frustración por su oficio, él se las ingeniará para romper cualquier límite ético con tal de “solucionarles” las vidas a sus pacientes. El principal problema irrumpirá cuando llegue hasta su consultorio Martín Bouchard (Diego Peretti), un renombrado escritor afectado por un bloqueo mental (y por el alcoholismo también). Su vínculo comenzará como una rutinaria conversación de diván, pero irá complejizándose hasta convertirse en el conflicto central de la trama.
El problema de origen de la cinta de Goldfrid es que se estanca en la superficialidad del discurso inicial de Verón: nos queda claro que lo frustra la incapacidad del psicoanálisis para solucionar los asuntos de una sociedad, pero nunca terminamos de comprender con claridad las motivaciones del protagonista, sus tribulaciones y traumas. Vistas así, sus obsesiones y actos retorcidos parecen gratuitos, no muestran la profundidad psíquica que uno podría esperar de ellas.
No es su única deficiencia, por cierto: y es que al margen de la dupla principal que conforman el terapeuta y el escritor, todos los demás personajes lucen acartonados, anecdóticos, flotantes, sin ninguna injerencia real en el relato, sin la espesura mínima que ayude a justificar sus presencias. Y ni qué decir de los crasos problemas de continuidad del filme, un detalle aparte, pero que denota apresuramiento y escaso rigor de producción.
Si algo salva a “Lo dejamos acá” del completo fiasco es el papel de Darín, un actor siempre eficiente, adaptable y carismástico. Por lo demás, se trata de una cinta apenas entretenida, con algunos chispazos de humor, pero fundamentalmente olvidable.


