El papa León XIV llegó ayer a Montevideo, Uruguay, la primera escala de un viaje de 12 días que continuará en Argentina y Perú.
Traslado
El pontífice despegó de Roma-Fiumicino a las 7:05 a.m., hora de Italia, en un vuelo de Ita Airways con 82 periodistas acreditados.
La travesía duró unas 13 horas y media. En ese lapso, el Santo Padre conversó con la prensa, saludó los cuidados de su staff médico y describió a Perú como “un segundo hogar”.
El avión aterrizó a las 4:20 p.m. en el Aeropuerto Internacional de Carrasco. Fue el presidente Yamandú Orsi quien recibió al papa. Luego, el cardenal Daniel Sturla y funcionarios del Gobierno lo saludaron en la pista.
León XIV se reunió después a los obispos del país y recorrió la rambla hacia la Ciudad Vieja.
Protocolo
La ceremonia de bienvenida se realizó en la Plaza Independencia, ante miles de personas.
El Coro Nacional, el Coro Nacional Juvenil, el Coro Nacional de Niños y la Orquesta Juvenil Nacional entonaron los himnos. La actividad contó con la presencia de los expresidentes Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle Herrera y Luis Lacalle Pou.
Orsi abrió el acto con un discurso escueto. “Bienvenido a esta patria grande que respira y lo recibe con los brazos y el corazón abierto”, afirmó.
Mensaje
León XIV respondió con un discurso donde destacó al país. “En 2025 se cumplieron 40 años de democracia ininterrumpida en Uruguay, durante los cuales se sucedieron distintos gobiernos por decisión de los ciudadanos”, sostuvo.
El papa prosiguió su mensaje. “Recientemente he experimentado en primera persona las limitaciones que impone la enfermedad y he recibido cuidados por los que estoy profundamente agradecido”, afirmó. Como se recuerda, en octubre el Vaticano confirmó que el papa tenía cáncer de pulmón.
El líder de la Iglesia católica retomó su alocución. “La creación de riqueza, la inversión y la iniciativa económica (...) son necesarias para el desarrollo de un país, pero sus frutos han de traducirse también en bienes y oportunidades que alcancen efectivamente a todos”, planteó.
Y agregó que “la soledad, la angustia y la pérdida de esperanza pueden llegar a ser tan profundas que una persona deje de encontrar razones para continuar viviendo”.


