Cada vez preocupa más lo que se está llamando la guerra híbrida de Rusia contra la Unión Europea. Se trata de operaciones militares encubiertas, como discretos sabotajes, realizadas desde el anonimato. El dron ha resultado el medio ideal, pero no el único, para este tipo de agresión que rodea a la guerra contra Ucrania.
El blanco de estas nuevas tácticas de Vladimir Putin es la OTAN. Al inicio se las consideraba maneras de ir calibrando la reacción europea frente a la agresión moderada, como antesala de algún eventual ataque en regla. También, una forma de poner a prueba la unidad de la UE y la OTAN frente a emergencias militares.
Pero esta hibridez también es una forma de amenaza frente a la activa simpatía de los europeos por Ucrania. La idea es disuadir a la UE de una solidaridad con Kiev que le cuesta poco. ¿Ha tenido éxito? En verdad, muy poco. Tanto así que Putin ha tenido que recurrir a la amenaza nuclear, a pesar de que Francia e Inglaterra tienen armas similares.
Pero si consideramos que la guerra híbrida incluye métodos no directamente militares, como los cibernéticos, los económicos, los políticos o la desinformación, entonces Rusia también puede considerarse un blanco de todo eso. En eso, la OTAN podría ser considerada tan agresiva como el Kremlin, y la guerra híbrida, un proceso en marcha.
Mientras tanto, EE. UU. está estrenando una nueva forma de guerra híbrida en América Latina: la lucha contra los narcos no para acabar con la droga, sino para ir dominando territorio e ir ganando terreno militar frente a otras potencias. Así, el VRAEM puede ir siendo convertido en un pequeño Vietnam a cámara lenta.
En el mundo entero, la tecnología está modificando los métodos de la guerra, pero no las intenciones de los poderosos. La acumulación de misiles en el estrecho de Ormuz no está permitiendo un desenlace militar para ningún bando. Los drones rusos sobre la UE solo están logrando la militarización de los europeos.
Pareciera que para este gobierno lo híbrido está representado por el acto de juntar policías y militares en la lucha contra el crimen organizado y violento. No parece una fórmula muy convincente, pero, en todo caso, será puesta a prueba por un tiempo. ¿Qué va a decir Bukele?


