Podemos votar por candidatos diferentes, pero, una vez conocidos los resultados, las autoridades elegidas son las autoridades de todos. Nos gusten o no. Por eso nuestra responsabilidad no termina con el voto.
RPP••Actualizado: 4 nov. 2026, 9:00 a. m.
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Paisana, paisano, ya pasaron las elecciones. Hemos elegido presidente, congresistas, alcaldes y buena parte de los gobernadores regionales. Quedan algunas segundas vueltas, pero en general los peruanos ya cumplimos con ir a votar, ¿terminó entonces nuestra tarea democrática y debemos dejar de ocuparnos de eso? De ninguna manera.Más bien, ahora empieza la parte más importante. De hecho, lo preocupante es que en una encuesta, que hicimos en Arellano Consultoría para Crecer, encontramos que el 76% de los peruanos, tres de cada cuatro ciudadanos, considera que si no votó por el candidato que ganó, no tiene responsabilidad por lo que este haga. Y eso, eso es entender mal la democracia.Imagina que en un partido entre Universitario de Deportes y Alianza Lima se va a definir quién representará al Perú en el Mundial de Clubes. Y usted apuesta porque gane la U. Y si termina ganando Alianza, ¿usted se negará a pagar la apuesta porque no ganó su equipo? Le aseguro que si actúa así, se quedará rápidamente sin amigos. En democracia sucede algo parecido.Podemos votar por candidatos diferentes, pero, una vez conocidos los resultados, las autoridades elegidas son las autoridades de todos. Nos gusten o no. Por eso nuestra responsabilidad no termina con el voto. Continúa todos los días porque si votar toma unos minutos cada cuatro o cinco años. Vivir con los elegidos dura cuatro o cinco años completos. ¿Y qué significa entonces eso en la práctica? Primero que debemos apoyar lo que hagan nuestras autoridades, si hacen bien. Si un alcalde mejora la seguridad, si un gobernador construye una buena carretera o si el presidente impulsa una medida beneficiosa para el país, debemos apoyarlo. Aunque hayamos votado por sus adversarios. ¿Por qué? Porque sus aciertos nos benefician a todos.Segundo, vigilar lo que hacen mal. Si una autoridad toma decisiones equivocadas, debemos cuestionarlas. Si encontramos corrupción, debemos denunciarla. Incluso si se trata de alguien por quien votamos. Porque apoyar a una autoridad no significa aplaudirle todo.Así como ponerse a ella no significa criticarle todo, pero lo importante es entender que a nadie le conviene que le vaya mal a la autoridad elegida, porque es como en el fútbol. A partir del momento en que ganó Alianza, ese equipo representa a todos los peruanos en el Mundial. Y sería absurdo querer que pierda porque no era nuestro preferido.Así lo inteligente con la autoridad elegida es ayudarla a hacer bien su trabajo y también vigilar que cumpla con sus obligaciones. Y podemos hacerlo como espectadores que solamente aplauden o se quejan o darle una mirada positiva a nuestro derecho de ser ciudadanos que participan, apoyan, exigen y vigilan. ¿Qué podemos hacer usted y yo, paisana, paisano, para que nuestra labor como ciudadanos en democracia no se limite solo a ir a votar?
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