En tiempos en que las redes sociales reparten consejos de salud a velocidad de vértigo, no es raro que los riñones, esos órganos silenciosos que trabajan sin pedir nada, acaben rodeados de mitos y temores. Por eso ha llamado la atención un vídeo publicado en el perfil de Instagram de Borja Quiroga, especialista en nefrología, que se ha propuesto poner orden en el ruido. Frente a la cámara, el médico va tomando una a una frases que circulan como verdades de sobremesa, sobre suplementos, hábitos y señales del cuerpo, y las somete al filtro de la evidencia clínica. Su intervención ha cobrado especial relevancia por la claridad con la que desmonta creencias muy arraigadas, sin rodeos y con un tono que no deja demasiado espacio a la duda. La crónica de su repaso empieza por el blanco favorito de los temores populares: un polvo blanco que llena las estanterías de los gimnasios.
Esta es la respuesta sobre si la creatina daña los riñones explicado por el nefrólogo Borja Quiroga
La primera afirmación que se pone sobre la mesa es que la creatina, tomada como suplemento, destruye el riñón. Quiroga no se anda con sutilezas: la califica de falsa, y de «muy falsa». Según explica, se trata de un suplemento muy seguro para personas sin enfermedad renal, pero también para quienes ya la padecen, e incluso para pacientes que se encuentran en terapia renal sustitutiva. La frase tiene el peso de quien está acostumbrado a ver de cerca los riñones dañados y, aun así, no encuentra en este producto al culpable que la fama le atribuye. Con ella, el especialista derriba de golpe uno de los miedos más repetidos entre quienes entrenan, y deja claro que el mito merece ser archivado, al menos en lo que respecta a su seguridad renal.
El riñón puede filtrar, pero también proteínas o células a través de la orina que deben vigilarse
Ese primer desmentido abre la puerta a otro malentendido frecuente: el de creer que los análisis y los hábitos cotidianos bastan para saber si el riñón va bien. Quiroga recuerda que una creatinina normal no garantiza por sí sola un buen funcionamiento renal, y rechaza de plano que, si la cifra está bien, todo esté en orden. Aclara que un riñón puede filtrar correctamente y, al mismo tiempo, estar perdiendo cosas por la orina, como proteínas o células, y que eso también hay que vigilarlo. Algo parecido ocurre con la idea de que orinar bien equivale a tener unos riñones sanos: el médico la califica de falsa, porque muchas cosas no se ven a simple vista en la orina. Para descubrirlas hacen falta pruebas concretas, como la creatinina sérica, la medición de las proteínas que se pierden o la búsqueda de células.
La alimentación se cruza con la salud renal así como la obesidad que si afecta a los riñones
El repaso continúa por terrenos donde el estilo de vida y la alimentación se cruzan con la salud renal. Sobre la obesidad, el especialista es tajante: afecta, y mucho, a los riñones, pues la grasa genera señales endocrinas que hacen que el órgano se lesione con más frecuencia que en personas sanas. Respecto a los suplementos de proteína, corrige otro temor extendido: no destruyen el riñón en personas sanas, y han demostrado ser seguros al menos hasta cantidades de entre dos y dos coma cinco gramos por kilo al día. Pero introduce un matiz importante, porque en quienes ya tienen enfermedad renal sí recomienda cautela, e intentar limitar el consumo hasta aproximadamente un gramo por kilo al día, como dato general. La conclusión es clara: lo que resulta inocuo para unos puede exigir prudencia para otros.
Uno de los síntomas muy frecuentes es el dolor por lo que es importante frenar la progresión
Otra de las ideas que Quiroga sacude es la de que el riñón avisa cuando algo va mal. Según explica, el dolor no es un síntoma habitual de la enfermedad renal. Puede aparecer en circunstancias concretas, como cuando hay una piedra en el riñón, pero en general la enfermedad avanza en silencio, es decir, de forma asintomática, lo que hace aún más importante no esperar a sentir molestias para hacerse revisiones. Ese silencio enlaza con la siguiente frase analizada, la de que casi siempre se puede evitar llegar a diálisis. Aquí el médico se muestra prudente y la considera parcialmente cierta: si la enfermedad se detecta de manera precoz, existen tratamientos capaces de frenar su progresión, aunque admite que esto no siempre es posible.
Tomar hasta un litro y medio de agua el rión hace su trabajo de concentrar la orina
El último mito del repaso toca algo que casi todos hemos oído: que beber poco no perjudica al riñón. Sorprendentemente, Quiroga lo considera verdadero, pero con una condición que conviene subrayar. Mientras se alcance un umbral mínimo de aproximadamente litro y medio de líquido al día, el riñón conserva la capacidad de concentrar la orina y desempeñar bien su trabajo. El aviso llega justo después, con un «ojo» que cambia el sentido de la frase: si se baja de ese límite, el órgano puede deshidratarse y entonces sí sufrir las consecuencias. Así concluye el repaso del especialista, que deja una enseñanza de fondo: cuidar los riñones pasa menos por temer a los suplementos y más por conocer las pruebas adecuadas, detectar a tiempo y mantener unos hábitos razonables.


