En una de las oficinas del edificio de El Comercio se conserva una placa que José Antonio Miró Quesada colocó tras la muerte de Manuel Amunátegui, fundador de este Diario. La inscripción resume buena parte de nuestra historia: “No muere quien perdura en el espíritu de sus continuadores”. Es una frase que ha acompañado a distintas generaciones de periodistas y que hoy, cuando El Comercio inicia una nueva etapa, adquiere un significado especial. Porque la historia de una institución no se explica únicamente por quienes la fundaron o la dirigieron, sino también por quienes asumieron la responsabilidad de continuar su obra, preservar sus principios y proyectarla hacia el futuro.
Los señores Francisco Picasso y Emilio Rodríguez Larraín han adquirido el 62,9464142% de las acciones del Grupo El Comercio y, con ello, asumen su control. Se trata de un cambio histórico en la estructura de propiedad de esta casa periodística, profundamente vinculada durante generaciones a la familia Miró Quesada. Una familia que seguirá ligada al Grupo El Comercio a través de un importante número de accionistas que mantienen su participación en la empresa. Sería imposible comprender la trayectoria de El Comercio sin reconocer la huella que la familia Miró Quesada ha dejado en sus páginas, en sus periodistas y en la vida republicana del Perú. Su legado no se limita a la conducción de una empresa. Comprende una manera de entender el periodismo, una vocación de servicio al país y una convicción que ha atravesado épocas de prosperidad, crisis políticas, amenazas y profundas transformaciones: que un medio de comunicación debe responder, por encima de cualquier interés particular, a sus lectores y a la verdad.
Los nuevos accionistas llegan con el compromiso de respetar esa historia, preservar los principios y valores que han distinguido a esta institución y contribuir a proyectarla hacia el futuro. Esa es, precisamente, la responsabilidad que hoy nos corresponde asumir a todos.
Cambia la estructura accionaria, pero no cambian los principios. El Comercio mantendrá su línea editorial, su compromiso con la democracia, la libertad de expresión, la defensa de las instituciones y la fiscalización del poder. Son convicciones que también deben seguir orientando el trabajo de los demás medios que integran nuestro grupo, cada uno con su identidad, sus audiencias y su propia propuesta periodística. Todos comparten una responsabilidad esencial: ofrecer información rigurosa, confiable e independiente.
Ninguna empresa, ningún accionista y ningún interés particular estarán por encima del derecho de nuestros lectores a estar informados. Las actividades empresariales de nuestros propietarios estarán sujetas al mismo escrutinio periodístico que las de cualquier otro actor económico. No habrá temas excluidos de nuestra cobertura por razones de propiedad o conveniencia.
La nueva etapa también llega en un momento decisivo para nuestra industria. El periodismo atraviesa una transformación profunda. Cambian las plataformas, los hábitos de consumo, los formatos y la inteligencia artificial plantea nuevas oportunidades y desafíos. Las audiencias demandan otras maneras de informarse y relacionarse con los medios. La continuidad no puede confundirse con la inmovilidad. Preservar nuestros valores también significa encontrar nuevas maneras de hacerlos vigentes.
Por eso, esta nueva etapa traerá proyectos, inversiones, nuevas formas de contar historias y una apuesta por fortalecer a los distintos medios del Grupo El Comercio en todas sus plataformas. Queremos llegar a nuevas audiencias sin perder a quienes nos han acompañado durante décadas. Queremos aprovechar las posibilidades de la tecnología sin sacrificar el rigor, la profundidad ni el criterio editorial. Queremos seguir haciendo del periodismo de investigación, de la información confiable y del debate plural las señas de identidad de esta casa. Y queremos hacerlo con el talento y el compromiso de los equipos de periodistas que, día tras día, sostienen la confianza de nuestros lectores.
La placa que José Antonio Miró Quesada dejó en aquella oficina no habla solamente del pasado. Habla, sobre todo, de una responsabilidad hacia el futuro. Esa convicción ha permitido que El Comercio atraviese generaciones y llegue hasta nuestros días. Y es la que debe guiarnos en esta nueva etapa. Lo que hoy cambia es la estructura de propiedad de una empresa. Lo que permanece es el compromiso de sus medios con sus lectores, con el Perú y con los principios que les han dado identidad a lo largo de su historia.


