8 de mayo del 2025. Eran las 11:08 de la mañana en el Perú y Héctor Camacho repartía los pedidos de su avícola por las calles de su natal Chulucanas cuando recibió una llamada telefónica. “Papá, ha salido humo blanco”, anunciaba desde el otro lado de la línea Mildred, su hija.
“Diosito lindo que se haga tu voluntad, ojalá salga elegido el padre Roberto”, respondió el hombre.
A los pocos minutos, el celular volvió a sonar. Esta vez su hija lloraba. “Papá, papá, ha salido mi padrino. Mi padrino es el Papa”.
Héctor suspendió de inmediato los repartos de esa mañana y corrió a casa. Los nervios no le permitían abrir la puerta. Cuando finalmente logró entrar prendió de inmediato el televisor y se sentó a escuchar el anuncio. “No entendía qué decían, seguro hablaba en latín. Recién lo creí cuando vi al padre Roberto saliendo con las manos así. He gritado, he llorado fuerte. ¡Bien, bien, padre Roberto, bien, bien!”, recuerda en conversación con El Comercio.
Era el año 1985 cuando el padre Ricardo Picherri Moldi, fundador de los monaguillos Cristo Rey, le anunció a los casi 40 jóvenes que lo acompañaban en la parroquia Sagrada Familia de Chulucanas el arribo de un nuevo miembro.
Un joven Robert Prevost, que apenas bordeaba los 30 años, llegaba desde Chicago para cumplir con su primera misión religiosa.
BAÚL DE RECUERDOS
“Todos los lunes nos reuníamos a las ocho de la noche para programar quiénes acompañarían al padre en las misas de cada semana. Como éramos un grupo grande nos dividían en tres, según edades, y también planeábamos a dónde irnos de paseo o a qué sitios aledaños iríamos para acompañarlo a otras misas. El padre Roberto nos llevaba a la playa, a conciertos en Piura… porque a él le gustaba el rock, recuerdo cuando el Grupo Río fue al coliseo de Piura. Él nos inculcó valores, como el de apoyarnos entre nosotros y mantener una buena comunicación. Se molestaba porque no quería que andemos por ahí caminando o vagando como se dice”, recuerda Víctor Palacios, orgulloso guardián de un álbum fotográfico en el que el hoy Papa León XIV aparece como un amigo más.
“En esta foto estamos con el padre Roberto en la Plaza de Armas de Piura. Nos llevó a un paseo dominical, almorzamos allá y fuimos a comer helados. Ahí pasamos toda la tarde”, detalla antes de pasar a la siguiente foto.
Otro momento grabado en la memoria del exmonaguillo fue cuando Prevost regresó de un viaje a Estados Unidos y en su maleta llevaba una consola Atari que terminó instalando en la prelatura para que los jóvenes pudieran jugar.
“¡Acá, este de acá soy yo! Y esa cabecita es del padre Roberto, apenas se ve un poco de su cara y su hábito. Aquí me tocó acompañarlo en la misa”, exclama Palacios con otra imagen en la mano.
“Él era como un hermano mayor para nosotros. La primera impresión que te dejaba era de tranquilidad, de fortaleza, pero también era alguien muy jovial, moderno y amigable. Cuando llegó no tenía ni 30 años y nosotros estábamos entre los 13 y los 15”, agrega por su parte Jorge Navarro.
Los tres hombres resaltan que si más de 40 años después de eso siguen en contacto es gracias a Prevost. “Yo estaba en el trabajo cuando anunciaron que era el Papa y me enteré por las redes sociales. De inmediato publiqué dos fotos que tenía y nos reactivamos todo el grupo, con más fuerza todavía. Fue una alegría inmensa para todos”, narra Palacios.
Los exmonaguillos de León XIV recuerdan con nostalgia su partida de Chulucanas en 1986. Sin embargo, aseguran que la distancia no redujo en lo más mínimo la preocupación del religioso por el distrito piurano. “Siempre encontró la manera de estar en contacto con nosotros, él le pago estudios a varios del grupo. Gracias al padre Roberto varios son hoy profesionales”, recuerda Palacios.
“Yo tuve contacto con él cuando estuvo en Trujillo, pero quien estuvo más cerca fue nuestro amigo Héctor”, agrega.
PADRINO EN CHULUCANAS
Tras su paso por Chulucanas, Robert Prevost regresó a Estados Unidos y un año más tarde, en 1988, fue enviado a Trujillo para dirigir la formación de los aspirantes agustinos. El religioso terminaría pasando diez años en dicha ciudad, ocupando distintos cargos e impulsando la fundación de dos parroquias, antes de volver a su natal Chicago para ejercer como Prior Provincial de la Provincia Madre del Buen Consejo.
Entre medias, sin embargo, siguió dejando huella por el norte peruano. “Nosotros éramos estudiantes ahí en Trujillo, así que Héctor iba a la casa de los seminaristas para visitar al padre. El padre Roberto era como su papá. Él lo acompañaba a hacer misas a unos pueblos jóvenes, le preguntaba cómo iban sus estudios, siempre andaba pendiente”, narra Roxana Dioses, esposa de Héctor Camacho.
El vínculo entre la pareja y Prevost, sin embargo, no se limitó a una profunda amistad. “Cuando mi señora estaba embarazada fui y le pedí permiso al padre Roberto. Le dije: ‘Padre Roberto, —me acuerdo hasta la hora, eran las siete de la noche—, ¿le puedo poner a mi hija el nombre de tu mamá?’. Me dijo: ‘Sí, Héctor, puedes hacerlo, se llamaba Mildred’. Luego le pedí que fuese su padrino”, recuerda Camacho.
“Siempre quiso, él me había dicho que si en algún momento teníamos un hijo quería que el padre Roberto sea el padrino. Y gracias a Dios se pudo concretar eso”, confiesa su esposa.
Pocos meses después de dicha conversación, Prevost estaba de vuelta en Chulucanas para participar del bautizo de Mildred Camacho.
La joven, de hoy treinta años, viajó al Vaticano en junio y pudo reunirse con el hoy Papa. “Fue para saludarlo y le llevó encargos de los exmonaguillos. Además, le llevó un retrato con su mamá, una fotografía que le gustó mucho”, detalla su padre.
PEDIDO ESPECIAL
La cercanía entre los exmonaguillos y el Sumo Pontífice hizo que las últimas noticias sobre él adquieran una dimensión especial.
En primer lugar, el anuncio de su visita al Perú en la gira sudamericana programada para noviembre los llenó de alegría y esperanza. “Yo deseo estrecharle la mano y darle un agradecimiento único, decirle gracias por todo y desearle lo mejor en su nuevo caminar”, dice Víctor Palacios.
“Fue maravilloso escuchar que vendría al Perú. Pero también queremos aprovechar la oportunidad para pedirle a las diócesis y al Episcopado Peruano que nos den una oportunidad para estar con el Papa, aunque sea unos minutos, que nos den esa oportunidad para estar todos los exmonaguillos ahí”, agrega Jorge Navarro.
Por otro lado, las recientes complicaciones de salud que ha enfrentado el Papa también golpearon distinto en estos hogares. “Muy tristes, muy tristes por todo lo que está pasando el padre Roberto. Pero igual nosotros le pedimos mucho a Dios por su salud. Le digo, oramos por su salud, que Dios lo cuide, que salga de todo este proceso”, asegura Roxana Dioses.
Su esposo pide, además, extender una cadena de oración por su salud y regreso al Perú. “Nuestro padre Roberto va a salir de este mal momento, estoy seguro. Vamos a tener Papa para rato”, afirma.


