La jornada electoral en las zonas de Junín más golpeadas por los sismos transcurrió entre la preocupación, la desesperanza y una desconfianza que, para muchos pobladores, viene de mucho antes de acudir a las urnas. En estos lugares, donde familias todavía buscan reconstruir sus viviendas y retomar sus vidas después de perderlo casi todo, votar no necesariamente significa esperar un cambio. Para algunos, es apenas cumplir con una obligación ciudadana después de años de escuchar promesas que, dicen, nunca llegaron a convertirse en realidad.
Encuentro
En Chupuro, la institución educativa Almirante Miguel Grau concentró a 2,184 electores distribuidos en ocho mesas de votación, con un promedio de 273 ciudadanos por mesa. Desde temprano, el local se convirtió también en un punto de encuentro. A pocos metros, en el estadio, unas 20 carpas continuaban albergando a damnificados por los sismos.
Entre los votantes también surgieron cuestionamientos. Thalía, una de las ciudadanas, contó que en las últimas elecciones generales su mesa tenía alrededor de 200 electores, mientras que ahora figuraban 281. Sin embargo, tanto una representante del Ministerio Público como la ODPE Huancayo precisaron que no se había presentado un reclamo formal ante las autoridades electorales.
Desconfianza
Más allá de los cuestionamientos sobre el padrón, lo que se repetía entre algunos pobladores era una sensación de cansancio. Los damnificados aseguraron que durante estos meses han escuchado ofrecimientos de candidatos y autoridades para ayudarlos con viviendas y otros apoyos, pero consideran que las promesas suelen perderse una vez que quienes las hicieron llegan al poder.
En Chongos Bajo, la escena fue distinta, aunque el sentimiento tuvo puntos en común. En la institución educativa Virgen del Rosario, las mesas quedaron instaladas desde las 6:30 de la mañana. Allí llegó Julio, de 88 años, acompañado de sus hijos. Dijo que acudía porque quería cumplir con su deber ciudadano y contribuir, con su voto, a la elección de las próximas autoridades. A unas cuadras del local, María, de 93 años, esperaba sentada junto a su mascota a que su nieta Naty la llevara a votar. Aunque por su edad ya no estaba obligada a sufragar, también quiso ser parte de la jornada.
Promesas
Los pobladores de Chongos Bajo, también afectados por los sismos, expresaron una mirada menos optimista sobre sus autoridades. Karina Lozano, dirigente del anexo de Pumpunya, fue directa al explicar por qué parte de la población acudió a votar sin demasiadas expectativas. Recordó que durante años han recibido ofrecimientos que, según dijo, no se concretaron.
“Cuando llegan al poder cambian su forma de pensar. Ya nos ha pasado. Diputados venían acá para decirnos que nos van a ayudar, que nos van a entregar apoyo, pero hasta el momento no se ha concretado que nos puedan entregar los módulos de vivienda. Los bonos de alquiler tampoco se han concretado”, cuestionó. Según explicó, cuando los pobladores preguntan por estos compromisos, suelen recibir como respuesta que existen trabas o barreras burocráticas.
Lozano también puso en duda que las futuras autoridades puedan cumplir con la reconstrucción de Pumpunya. Si anteriores gestiones, sostuvo, no lograron atender necesidades básicas como la pavimentación o el saneamiento del pueblo antes del sismo, teme que una nueva autoridad vuelva a dejar de lado a la población. “Prácticamente ya se han olvidado de nosotros”, afirmó.
Esperanza
Así transcurrió la votación en dos de los distritos golpeados por los sismos: entre familias que todavía esperan reconstruir sus viviendas, pobladores que miran con recelo a quienes buscan llegar al poder y una población que siente que las promesas se han repetido demasiado.
