Del 26 al 28 de octubre se llevará a cabo el VII Congreso Internacional Vallejo Siempre en la Universidad de Valladolid. En estos últimos años, la obra y la vida de César Vallejo vienen siendo revisadas por muchos lectores jóvenes que han encontrado en su figura un vitalismo que debería conocerse más. Para saber más de la dinámica del congreso y de la actual efervescencia por la vida de nuestro poeta, La República conversó con Jorge Kishimoto, uno de los mayores investigadores de su obra.
-Esta es la séptima edición del congreso internacional dedicado a César Vallejo, Vallejo Siempre, organizado por el Centro de Estudios Vallejianos, del cual eres uno de los fundadores y directores.
-Como dices, esta es la séptima edición. Este es un caso único porque, si tú buscas antecedentes de otros escritores, no te hablo de peruanos, sino también de extranjeros, es inédito. No hay un congreso que tenga esta permanencia en el tiempo y continúe dedicado a un solo escritor. Este sueño empezó en 2014. El primer congreso de Vallejo Siempre lo hicimos acá en Lima. Hubo cerca de 120 ponencias y estuvo toda la crema y nata del vallejismo peruano, no solamente limeño, sino de Trujillo, de Chiclayo, de Piura, de Arequipa, Cusco; y también vinieron más o menos 45 vallejianos de Japón, de toda América, de Europa. En ese primer congreso acordamos hacer este encuentro cada dos años. Desde entonces hemos hecho este congreso en Montevideo, en Salamanca, en Nueva York, en Inglaterra, en Italia, siempre bajo el paraguas de una universidad. El congreso de este año se hará en la Universidad de Valladolid.
-¿Hay algún otro congreso recurrente en el mundo además del de Vallejo?
-Neruda, Octavio Paz, García Márquez, Huidobro, si hablamos de los latinoamericanos; o Joyce, Eliot, Pound, García Lorca, Alberti, no tienen un congreso que los estudie de manera continua. Cada congreso tiene una temática y la de esta edición es la relación de César Vallejo con España y su legado literario. Esto no quiere decir que no haya ponencias de temática libre. Este congreso lo inauguramos con la incorporación de una nueva vallejiana rusa, Victoria Popova, quien está trabajando mucho sobre Vallejo; ha encontrado cartas inéditas de Vallejo a un escritor ruso, Fedor Kelin. Hay nuevo material sobre los viajes de Vallejo a Rusia, porque Vallejo hizo tres viajes a Rusia y tuvo contacto con los escritores soviéticos.
-Esta es una pregunta sencilla, pero ¿a qué se debe que Vallejo es inagotable, tanto en obra como en vida? Por ejemplo, el año pasado el circuito cultural limeño se paralizó ante el descubrimiento de dos nuevas fotografías de Vallejo.
-El tema de Vallejo es inagotable en el estudio tanto de su obra como de su vida. A lo largo de todos estos años, la gente sigue investigando, sigue encontrando poemas, sigue encontrando crónicas, sigue encontrando textos, porque la comunidad de vallejianos es muy grande. Por eso buscamos que los jóvenes profesionales de la literatura se aventuren a estudiar más de Vallejo. Vallejo ya cruzó todas las fronteras que te puedas imaginar. Vallejo está traducido al japonés, al chino; hay antologías de Vallejo en tailandés, en bengalí, en coreano, en hindi, en malayo.
-¿Te aventurarías a decir que Vallejo es el poeta más importante del siglo XX?
-Sí. Sin duda. Thomas Merton decía que, después de Dante, es César Vallejo. Mira quién lo dijo.
-Ahora, lo que he venido notando últimamente es que la vida y la obra de Vallejo van muy amarradas. Eso no estaba pasando.
-El giro ha cambiado. En los años 60, 70 y 80, la corriente era la teoría literaria, la semiótica, y el concepto era que no importaba la vida de Vallejo; lo que importaba era el análisis del texto. Eso no quiere decir que Vallejo sea muy biográfico en su poesía, pero sí puedes entender algunos versos oscuros que, conociendo el momento en que los escribe y la situación que pasa, puedes agarrar y desentrañar el verso. Esta corriente empezó a principios de los años 2000.
-Muchos especialistas señalan que eres el mayor conocedor de Vallejo. ¿Qué te lleva a estudiarlo?
-Estudio mucho a Vallejo porque trato de desmitificar al personaje. A Vallejo en el siglo pasado lo veían como una persona pobre, triste, desdichada, llorón. Y Vallejo era todo lo contrario. O sea, Vallejo disfrutaba la vida. Aparte de eso, contribuyó también la leyenda de los amigos de Vallejo. Esto es muy humano: cuando muere alguien y esa persona termina trascendiendo, entonces aparecen las personas que dicen: él era mi pata, yo chupaba con él, etcétera. Yo siempre he agarrado con pinzas los testimonios de esos amigos que después de 20 o 30 años han escrito sobre su relación con Vallejo, porque sacando fechas, no coinciden ciertas cosas.
-En 1920, Vallejo tuvo un problema en Santiago de Chuco y lo metieron a la cárcel.
-En esa época había un enfrentamiento entre los leguistas y los civilistas. Encontré una nota periodística que daba cuenta de un mitin en Santiago de Chuco en el mes de junio de 1920, a razón de que la mina estaba haciendo gestiones ante el gobierno para cambiar el trazo del ferrocarril que iba a pasar por Santiago de Chuco para Trujillo, y el orador de ese mitin fue César Vallejo. Vallejo era un enemigo de la minera. ¿Y quién impulsa para que lo detengan y metan a la cárcel? Carlos Santa María, quien manejaba el almacén de la mina. Con el almacén enganchaban a los campesinos, porque les daban licor y se endeudaban para toda su vida, ellos, sus hijos, sus nietos.
-Al respecto, ¿en ese tema hubo también un lío de faldas?
-Eso es cierto. Ambos estaban con la misma mujer. En el proceso de Vallejo, el que presentaba los escritos contra Vallejo era Santa María. Mi hipótesis es que él consigue que vaya un fiscal, un juez ad hoc, a Santiago de Chuco, en lugar del juez Martínez, que era el juez de Santiago de Chuco. Hubo ensañamiento contra Vallejo. Él sale en libertad porque hubo una presión nacional; hasta el propio ministro de Justicia le envió un telegrama.
-Entonces, para esa época Vallejo era un poeta reconocido. No es que se fuera del Perú siendo un desconocido.
-Era un poeta reconocido. Se firmaron memoriales de los escritores y de los periodistas de Chiclayo, de Trujillo. En Lima se plegaron a la campaña para que pongan en libertad a Vallejo. Uno de los que dirigió la campaña en Lima fue Víctor Raúl Haya de la Torre y en Arequipa lo hizo Percy Gibson.
-Hace poco salió la poesía completa de Vallejo editada por la RAE. En su ensayo, Stephen M. Hart sugiere que Pablo Neruda pudo haber tenido cierta participación en la muerte, por envenenamiento, de Vallejo. Una información así, es dinamita literaria. Vallejo está llegando a niveles novelescos.
-Vallejo murió siendo comunista, pero Vallejo era muy crítico del comunismo. Vallejo no era un dogmático. En 1936, Vallejo comienza a escribir sus simpatías por Trotsky. Vallejo no era trotskista, pero sí manifiesta su simpatía por Trotsky. Y era el enemigo de Stalin. Y no solamente es eso, sino que Vallejo es crítico contra Stalin, denuncia las atrocidades que estaba haciendo Stalin. ¿Tú te imaginas a un escritor haciendo eso en una época donde Stalin era el todopoderoso, que le diga en su cara eres un asesino, eres un dictador? Vallejo hace tres viajes a la Unión Soviética. El primero en 1928 y el segundo en 1929, lo hace con su propio peculio. Pero en 1931, él es invitado por una asociación de escritores soviéticos que no estaban en la línea de escribir panfletariamente, es decir, no era una invitación oficial. En ese viaje conoce como 10 ciudades al interior de la Unión Soviética y ve la realidad: ve la realidad del tipo que maneja el ferrocarril, de la señora que limpia la calle, del panadero, del bodeguero. Toda la ilusión que tenía de la Unión Soviética se cae. Cuando viene la Guerra Civil Española, Vallejo integra el comité de apoyo a la República, que era un comité financiado por la Unión Soviética. En ese comité estaba Pablo Neruda. Todos eran asalariados porque sacaban la revista Nuestra España. Y de la noche a la mañana, a Vallejo lo retiran del comité y le retiran el financiamiento económico. Quien lo hizo fue Pablo Neruda. Yo pienso que a Neruda no le quedó otra que retirarlo, porque si no lo retiraba, a él le quitaban el financiamiento.
-¿Y el envenenamiento?
-En esa época, los que más desarrollaron el tema del espionaje bajo envenenamiento fueron los soviéticos. Es más, hay un expediente sobre Vallejo en la Unión Soviética que ha sido desclasificado. En París también le hicieron un expediente; de ahí sale la información de las dos fotos encontradas. Del seguimiento que le hicieron a Vallejo. En la prefectura de París, donde se aparecen las dos fotos, es parte de un expediente, un expediente de seguimiento a Vallejo. Ahí está, entró a tal lugar y estuvo en tal manifestación. Entonces, es muy probable que haya sido envenenado.
-Eso lo relata Roberto Bolaño en Monsieur Pain.
-Claro, esta hipótesis nace a raíz de esta novela de Roberto Bolaño. Monsieur Pain fue un personaje real que atendió a Vallejo bajo acupuntura. Bolaño dice que había personas vestidas de negro que seguían a Vallejo. Entonces, Hart, lo que hace, es investigar un poco sobre quiénes eran los agentes. Y encuentra que ciertos personajes que Vallejo conoció en la Unión Soviética en el año 31 formaban parte del servicio de inteligencia soviético. O sea, gente que conoció Vallejo eran agentes encubiertos. ¿Sabes qué pasó con los escritores que invitaron a Vallejo a la Unión Soviética? Stalin los mató a todos.
-¿Cuánto le debemos a Georgette?
-Si no fuera por Georgette, no estaríamos hablando de Vallejo. Estaríamos hablando solo de Los heraldos negros y Trilce. Lo que pasa es que ella cuidaba la obra de Vallejo en el sentido de que la gente publicaba a Vallejo y no le pagaban a ella sus derechos de autor. Poco antes de que los alemanes ingresaran a París, Georgette va a la legación de Perú en París y entrega una copia de la obra de Vallejo para que la traigan al Perú para protegerla. Tiempo después, regresa a la legación para ver si se han llevado la obra de Vallejo y encuentra que los papeles estaban tirados en el suelo y los estaban utilizando como empaque. Ella comienza a recoger todos los poemas de Vallejo del suelo y se los lleva. A Georgette le debemos todo.


