Durante meses sostuvo que era inocente, que no estaba en casa cuando ocurrió la desgracia, que las acusaciones eran falsas. Pero el cuchillo y los rastros de sangre hallados en la escena del crimen hablaron.
El Juzgado Penal Colegiado Sub Especializado en Delitos de Violencia contra la Mujer, condenó a la máxima pena de cadena perpetua contra Esteban Rojas Crispin (41), tras ser hallado responsable de acabar con la vida de su hijastra Lucia Retoblo Espinoza (18) acuchillándola 25 veces en todo el cuerpo por resistirse a tener intimidad con él.
Las pruebas presentadas por el Dr. Fredy Collas Oré, titular de la Fiscalía Especializada en Delitos de Violencia contra las Mujeres e Integrantes del Grupo Familiar de Jauja, fueron contundentes.
Los resultados de las pericias biológicas, químicas y físicas fueron útiles para desacreditar la versión del procesado, pero el examen de ADN para homologar su sangre con las muestras halladas en las prendas de la víctima, terminó confirmando su participación en el brutal ataque.
La mató para callarla
Durante su exposición el fiscal sustentó que Lucía había retornado junto a su menor hijo Yeiko (04) a su domicilio en el distrito de Muquiyauyo, luego de haber asistido a una reunión social, la noche del pasado 17 de mayo del 2025. En ese momento del descanso de ambos fue interrumpido por Esteban quien ingresó al cuarto para increparle a su hijastra y celarle.
La discusión en la casa de esta familia se agravó luego que el sujeto la forzara a tener intimidad, pero ella se negó. Resistirse a ser violada hizo que el agresor cogiera un cuchillo de la cocina, pero Lucía al darse cuenta que su vida corría peligro, logró huir de la casa, siendo perseguida por varios metros.
Durante su huida, la víctima cayó a un canal donde finalmente fue atacada con alevosía y crueldad, recibiendo un total de 25 puñaladas en diferentes partes del cuerpo. Su cadáver fue hallado a 100 metros de su casa 5 días después. La investigación concluye que Esteban Rojas asesinó a su hijastra para evitar ser delatado y denunciado por tentativa de violación sexual.
Un testigo clave
Uno de los elementos convincentes fue el corte que sufrió el agresor en la mano durante el ataque. Tras cometer el crimen regresó a su vivienda para calmar el llanto de Yeiko (04), hijo de la víctima. Al cargarlo dejó manchas de sangre en su ropa y en el piso. Para despistar a la población y las autoridades, el padrastro refirió que ese corte se provocó cortando leña con un cincel; sin embargo, los resultados periciales confirmaron que corresponde a un arma filoso.
La declaración del menor Yeiko, único testigo del crimen, también fue relevante al referir con sus palabras “Papá pegó a Lucia, Papá sacó sangre a Lucía”, haciendo referencia a que su mamá había sido atacada por su padrastro.
Hasta el día de la audiencia de lectura de sentencia, Esteban siguió insistiendo en su inocencia pero las pruebas desacreditaron su versión.


