El drama de unos es el elíxir de otros. Cuando la ponzoña cobró efecto y el general inca Ollanta, ya quebrado por los años, tentó la eternidad junto a su amada Cusi Coyllur, el telón cayó entre las falsas piedras cusqueñas del Teatro Forero de Lima y el respetable aplaudió de pie, con el corazón en la mano. Algo nuevo se gestaba.

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