Los británicos están empezando a repensar el brexit que los sacó de la Unión Europea en el 2020. Algunos ya lo han pensado: casi 60% está a favor de volver a la UE, y casi 80% quisiera relaciones más estrechas con Europa. ¿Les hubiera ido mejor manteniéndose dentro? Es parte de un debate que empieza, alentado por el primer ministro Andy Durham.
Los beneficios de retirarse no han sido los que cacareaban Nigel Farage y su gente antes de la votación del 2016. Los cientos de millones que la isla iba a ahorrar terminaron no siendo tales. La llegada de Donald Trump al poder dejó a los británicos en una suerte de aislamiento geopolítico.
Es cierto que la amenaza rusa está forzando la unidad de los europeos en una serie de campos, comenzando por el militar. Pero el regreso de Gran Bretaña a la UE no sería fácil, si acaso llega el momento. Sobre todo porque en este caso el hijo pródigo que toca la puerta tiene una singular arrogancia, es decir, poca disposición a hacer concesiones.
¿Qué estaría en el debate sobre el retorno? Antes que nada, el mercado único; luego, el libre movimiento de las personas; además, el aporte al presupuesto de la UE, y, por último, la relación de Gran Bretaña con el euro y con otras políticas de Bruselas. No son los únicos temas, pero sí los principales.
Los británicos entraron a la UE con una serie de ventajas, que fueron concesiones a un socio renuente. Muchos hoy se preguntan si Londres recuperaría lo ganado en 1973, cuando ingresó. Todo va a depender del clima político cuando se llegue a la votación interna sobre el asunto, también entre los 27 países de Europa.
Al mismo tiempo, Londres entraría a un club movido. En más de un aspecto, la prosperidad de Europa cuelga de un hilo. Vladimir Putin lanza descaradas amenazas nucleares a la OTAN, mientras la extrema derecha gana terreno. Washington se ha convertido en un aliado dudoso. El Medio Oriente es un vecino cada vez más peligroso.
Si el brexit fue un proceso difícil (llevado magistralmente por Michel Barnier), el regreso (¿breturn?) pinta mucho más difícil. Ni los amigos ni los enemigos de la UE son los mismos que en otros años.
