En el debate de los recursos energéticos del Perú, la exportación de gas suele generar interrogantes. ¿Es realmente beneficiosa? ¿Puede convivir con la masificación y abastecimiento interno? La respuesta es sí.
El acceso a mercados internacionales ha permitido viabilizar proyectos de gran envergadura, atraer inversiones que dinamizan la economía y fomentar la creación de empleo en distintas regiones. Así, el país se ha consolidado como productor y ha fortalecido su ingreso de divisas, que contribuyen a la estabilidad macroeconómica. Los ingresos generados a través de impuestos, regalías y canon —que llegan directamente al Estado y las regiones— son fundamentales para obras públicas, servicios de salud, educación e infraestructura.
Entre el 2010 y 2025, los ingresos por regalías y canon de la exportación de gas han sumado más de US$3.000 millones, una cantidad nada despreciable que permitiría construir, por ejemplo, 129 colegios públicos modernos, 64 grandes hospitales, 96 carreteras departamentales o un estadio nacional en cada región del país. Estos ejemplos ilustran claramente el impacto real que puede tener el gas en el bienestar de los peruanos.
La exportación, además, no pone en riesgo el abastecimiento nacional. El marco legal vigente da prioridad al suministro interno ante situaciones de emergencia —como la ocurrida en marzo de este año—. El desarrollo del mercado interno puede —y debe— avanzar junto con el externo, permitiendo que el país aproveche todo su potencial energético.
En cuanto a la masificación, el debate energético en el país no debería reducirse a decidir cuánto gas exportar, sino a definir cómo garantizar que el país disponga de recursos suficientes para el futuro, como ampliar el acceso de la población y aprovechar el potencial económico de sus reservas. Para ello, es urgente contar con una política energética de largo plazo que incentive el uso en industrias, comercios y hogares; que promueva la inversión en nuevas redes y optimice la gestión de canon y regalías en regiones.
Hace poco más de 90 años, el diario Ahora de Caracas publicó el célebre editorial “Sembrar el petróleo”, de Arturo Uslar Pietri, cuya reflexión central planteaba la necesidad de transformar la renta petrolera en riqueza duradera mediante inversiones en actividades productivas renovables, como la agricultura y la pesca, así como en infraestructura educativa, sanitaria y de desarrollo. Siguiendo esa visión, el Estado peruano debería aprovechar la renta que generan los hidrocarburos, a través de impuestos y regalías, para impulsar inversiones que creen riqueza sostenible, fortalezcan la infraestructura nacional y promuevan el aprovechamiento de los recursos naturales renovables. La exportación de gas natural es la principal fuente de esa renta generada por los hidrocarburos.
Exportar gas no significa menos oportunidades para los peruanos, todo lo contrario; la exportación es la palanca que facilita la expansión de la industria, sostiene inversiones de largo plazo y ayuda a convertir nuestro potencial energético en beneficios tangibles. Mirar a la exportación como una oportunidad es clave para construir una industria sólida y alineada con el bienestar nacional.


