Casi 160 millones de personas en Brasil elegirán este domingo 4 de octubre a su próximo presidente en una primera vuelta que enfrenta al mandatario Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, con el senador Flávio Bolsonaro, de 45. Los sondeos otorgan una ligera ventaja al líder del Partido de los Trabajadores en esta fase, pero ambos aparecen en empate técnico para una eventual segunda vuelta. La encuestadora Quaest ubica a Lula en 39% frente a 34% de su rival, y BTG/Nexus lo coloca en 42% contra 37%. Si ningún candidato supera la mitad de los votos, habrá balotaje, programado para el 25 de octubre.
El resultado dirá si la mayor economía de América Latina sigue en la izquierda o se suma al giro derechista que ya llegó a Argentina, Chile, Bolivia, Colombia y Perú. La campaña tuvo un tono menos confrontacional que la de 2022, aunque en esta ocasión estuvo marcada por una polémica religiosa, acusaciones de corrupción y la sombra de Donald Trump. Muchos votantes expresan cansancio ante los mismos protagonistas, ya que Lula busca un cuarto mandato y los Bolsonaro compiten por tercera vez consecutiva. “Sigo indeciso. Porque la corrupción es tan descarada. Es difícil", declaró para AFP Joel da Silva, de 42 años, portero en Río de Janeiro que ya votó por ambas opciones en elecciones pasadas.
La religión se vuelve clave para definir el voto
La religión se convirtió en uno de los temas centrales de las últimas horas de campaña en Brasil, con la controversia sobre Nossa Senhora Aparecida como punto de disputa. La polémica surgió después de que publicaciones difundidas en redes sociales aseguraran que el senador retiraría a la virgen su condición de patrona de Brasil si llegaba a la Presidencia.
La versión surgió tras volver a traer a discusión el proyecto de ley presentado en 2007 por un diputado conservador que buscaba limitar el patronato a los católicos. La iniciativa no estaba vinculada directamente con Bolsonaro y fue archivada al año siguiente. El candidato derechista negó cualquier intención de modificar el título y acusó al Gobierno de promover "noticias falsas".
El Tribunal Electoral ordenó retirar las publicaciones tras una decisión del juez André Mendonça, quien las calificó de "notoriamente falsas". La medida recibió el respaldo de la mayoría del tribunal en una votación virtual. Mendonça, pastor presbiteriano y magistrado de la Corte Suprema desde el gobierno de Jair Bolsonaro, sostuvo que la orden no impedía las críticas ni las expresiones de fe.
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Lula aprovechó la controversia durante su campaña. "Meterse con Nossa Senhora Aparecida no es aceptable", afirmó el mandatario, quien levantó una imagen de la virgen durante un acto y luego la besó durante una entrevista. El episodio tiene especial peso porque los católicos, mayoría religiosa del país y más inclinados hacia Lula según los sondeos, veneran a la patrona nacional, mientras los evangélicos, un sector importante del electorado de la familia Bolsonaro, no reconocen su culto. Según Quaest, 48% de los católicos votará por Lula y 29% por su rival, mientras que entre los evangélicos 46% prefiere al senador y 27% al presidente. El censo de 2022 contó 56,7% de católicos y 26,9% de evangélicos, grupo que en 1991 apenas llegaba a 9%.
Lula también enfrenta recelo en el mundo evangélico, donde 39% desaprueba su gestión, según el Instituto de Estudios de la Religión y Quaest. Para acercarse, envió una carta a los pastores, y su esposa, Rosângela 'Janja' da Silva, participó como cantante en un spot de música góspel. La investigadora Magali Cunha afirma que el voto evangélico por Bolsonaro no está garantizado, aunque el rechazo a la izquierda podría inclinarlo a su favor.
El debate religioso ocurre además mientras la Policía Federal investiga una serie de ataques contra imágenes religiosas. Un magistrado de la Corte Suprema calificó los hechos como una "aparente ola de ataques" y mencionó la destrucción de figuras de santos en iglesias de Salvador y el daño causado con un hacha a una imagen de Nossa Senhora Aparecida en una capilla de Mato Grosso.
Escándalo golpea a los candidatos
La corrupción se convirtió en otro de los asuntos centrales de la campaña con la investigación sobre el Banco Master. Su propietario, Daniel Vorcaro, permanece en prisión preventiva y aparece vinculado a una investigación que alcanzó a políticos, funcionarios y personas relacionadas con instituciones del Estado.
La expansión del banco se apoyó en la adquisición de activos, inversiones en empresas con problemas y la colocación de títulos con rendimientos superiores a los habituales del mercado. La investigación apunta además a una presunta red de favores que habría involucrado dinero, viajes y otros beneficios para legisladores, funcionarios del Banco Central y magistrados de la Corte Suprema.
Flávio quedó directamente expuesto por su relación con Vorcaro. El senador le habría solicitado cerca de 12 millones de dólares para financiar una producción cinematográfica sobre Jair Bolsonaro. Mensajes hallados en el teléfono del banquero muestran comunicaciones entre ambos y referencias a pagos pendientes.
El candidato reconoció que pidió recursos, aunque afirmó que correspondían a dinero privado. La Policía investiga posibles delitos de corrupción, lavado de dinero y evasión de divisas. El caso se sumó a las sospechas relacionadas con la financiación de la película sobre su padre.
Lula también tuvo contacto con Vorcaro. El presidente reconoció una reunión con el empresario en el palacio presidencial y explicó que en ese encuentro defendió la posición del Banco Central frente a las demandas del banquero. En sus actos electorales, además, ha utilizado la detención del empresario como argumento contra el entorno político de Jair Bolsonaro.
"Ese ciudadano que se convirtió en banquero durante el Gobierno de Bolsonaro se transformó en prisionero en el mío", afirmó Lula.
El oficialismo tampoco está libre de cuestionamientos. Fábio Luis da Silva, hijo de Lula, es objeto de una investigación por presunto tráfico de influencias debido a sus relaciones con personas dedicadas al cabildeo ante el Gobierno. El presidente afirmó que su hijo tendrá que responder si se demuestra que cometió alguna irregularidad.
El pasado judicial de Lula también forma parte del discurso de sus adversarios. El mandatario pasó 580 días en prisión por una condena por corrupción que después fue anulada debido a fallos procesales.
Trump y la derecha regional pesan en la elección
La elección de Brasil se desarrolla en un momento de avance de fuerzas conservadoras en América Latina. Javier Milei en Argentina, José Antonio Kast en Chile, Rodrigo Paz en Bolivia, Abelardo de la Espriella en Colombia y Keiko Fujimori en Perú forman parte del escenario regional que acompaña la disputa brasileña.
Un triunfo de Lula mantendría a Brasil como uno de los principales gobiernos de izquierda de la región. Una victoria de Flávio sumaría al país al bloque de gobiernos que han adoptado posiciones de derecha en los últimos años.
Donald Trump ocupa un lugar particular en esta disputa. El presidente estadounidense mantiene una relación política con Jair Bolsonaro y recibió a Flávio en una reunión privada en la Casa Blanca.
La relación entre Brasil y Washington se tensó durante el mandato de Lula. La administración Trump impuso aranceles a productos brasileños y sanciones contra jueces y otros funcionarios. Frente a esa política, el presidente brasileño colocó la soberanía nacional en el centro de su discurso internacional.
"Brasil no cabe en el patio trasero de nadie", afirmó Lula durante su intervención ante la Asamblea General de Naciones Unidas.
El eventual triunfo de Flávio podría favorecer una mayor cercanía política con Estados Unidos. Sin embargo, el comercio con China representa un factor que limitaría un cambio drástico en la relación económica exterior. Pekín es el principal socio comercial de Brasil y el agronegocio, uno de los sectores que respalda al candidato derechista, tiene al mercado chino entre sus principales destinos.
Amazonía, seguridad y democracia quedan en segundo plano
La seguridad es uno de los principales argumentos de Flávio Bolsonaro para atraer votos. El senador propone una política inspirada en las medidas de Nayib Bukele en El Salvador y plantea ampliar la capacidad penitenciaria. Su discurso apunta a los sectores preocupados por la presencia de organizaciones criminales en barrios populares de las grandes ciudades.
Lula llega al cierre de su tercer mandato con indicadores económicos favorables en algunos ámbitos, como un desempleo bajo y una inflación controlada, pero también con una desaceleración de la economía y problemas persistentes de inseguridad. Para reforzar su apoyo entre los sectores populares, su Gobierno amplió el programa Bolsa Familia y adoptó medidas contra las apuestas online.
El presidente presentó las apuestas deportivas como un problema para los hogares y contó casos de personas que acumularon deudas muy elevadas. Su Gobierno también puso en marcha un programa para facilitar la renegociación de deudas familiares.
Flávio cuestionó la prohibición y acusó a Lula de utilizarla con fines electorales. El senador incluso llamó al mandatario "pai do Tigrinho", en referencia a uno de los juegos más populares del país.
La democracia constituye otro de los puntos de mayor tensión. Jair Bolsonaro cuestionó durante años el sistema de voto electrónico y nunca reconoció públicamente su derrota ante Lula en 2022. El 8 de enero de 2023, miles de sus seguidores ocuparon las sedes de los tres poderes en Brasilia bajo la acusación de un supuesto fraude electoral.
Flávio también puso en duda el sistema de votación durante el comienzo de su campaña, aunque después afirmó que respetaría los resultados. Lula defendió el modelo electoral y lo calificó ante la ONU como "moderno y robusto". Además, advirtió que no permitirá que "los enemigos de la democracia, internos y externos" interfieran en la voluntad popular.
La composición del Congreso será otro elemento decisivo para el próximo gobierno. Las elecciones renovarán por completo la Cámara de Diputados y dos tercios del Senado. La correlación de fuerzas tendrá especial importancia para la relación con la Corte Suprema, ya que el próximo presidente podrá designar hasta cuatro de los once magistrados del tribunal, siempre con aprobación del Senado.
Flávio ha mantenido una postura crítica frente al máximo tribunal y reclama la salida de Alexandre de Moraes, uno de los magistrados que intervino en el proceso contra Jair Bolsonaro por intento de golpe de Estado. El expresidente recibió una condena de 27 años de prisión por ese caso.
La Amazonía, pese a su relevancia para la política climática, ha tenido menor presencia durante la campaña. Lula mantiene la meta de terminar con la deforestación para 2030, aunque también respalda la exploración petrolera en las proximidades de la desembocadura del Amazonas. Su argumento es que esos ingresos pueden contribuir al financiamiento de la transición energética.
Flávio ha evitado atribuir el calentamiento global a la actividad humana y plantea terminar con la deforestación en 2029. Su cercanía con el agronegocio, sin embargo, forma parte del debate sobre esa propuesta.
