La transición a la universidad conlleva desafíos académicos y personales que influyen significativamente en el desempeño y la adaptación del estudiante. En la actualidad, diversas instituciones integran con éxito la metodología del ‘mentoring’ como estrategia para la reducción de los índices de deserción universitaria.
Estudios recientes señalan que 5 de cada 10 universitarios abandonan tempranamente sus estudios, situación asociada principalmente a la ausencia de metas concretas, la brecha entre la preparación escolar y las exigencias propias de la educación superior, y la limitada innovación en los procesos de enseñanza.
En este contexto, el ‘mentoring’ se configura como una forma de apoyo ante las necesidades del universitario, que le brinda las herramientas necesarias para su óptimo desarrollo. En mi experiencia como mentora de becarios ingresantes del Pronabec, el dinamismo en cada mentoría fue fundamental. Durante las primeras sesiones, identifiqué los retos que afrontaba cada estudiante en el cumplimiento de sus objetivos. Mediante el intercambio de experiencias y la escucha activa, los invité a reflexionar sobre el propósito y la motivación detrás de sus acciones. Esto les permitió identificar oportunidades de mejora, redefinir sus metas, potenciar sus habilidades y avanzar en la construcción de su marca personal.
Como resultado, más del 95% de los becarios afirmó que el ‘mentoring’ contribuyó positivamente a su adaptación universitaria, desarrollo personal y desempeño académico, además de fortalecer su confianza para afrontar nuevos retos. Esto evidencia el poder transformador del ‘mentoring’, ya que tener una guía nos recuerda que no estamos solos y que el esfuerzo entregado finalmente será recompensado
