El Vaticano confirmó este miércoles que el papa León XIV no necesitará someterse a ningún tratamiento adicional tras ser operado de un tumor maligno en el pulmón. Aunque la noticia representa un avance favorable en su recuperación, especialistas advierten que todavía es prematuro afirmar que el pontífice esté completamente curado del cáncer.
El pasado 13 de octubre, el santo padre fue operado en el Policlínico Gemelli de Roma. Los cirujanos le extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho tras detectarse un adenocarcinoma pulmonar en una fase aparentemente temprana. Luego de permanecer varios días hospitalizado, recibió el alta médica el 17 de octubre.
Ahora, los análisis histológicos y las pruebas de biología molecular realizadas al tejido extirpado confirmaron el diagnóstico y una evaluación oncológica posterior determinó que no sería necesario administrar tratamientos adicionales, según informó la Santa Sede.
“Los resultados confirmaron que el tumor era un adenocarcinoma pulmonar localizado. Una evaluación oncológica posterior confirmó que no era necesario ningún tratamiento adicional”, señala el comunicado firmado por los médicos Luigi Carbone y Stefano Margaritora.
Aunque el anuncio ofrece motivos para el optimismo, oncólogos consultados por El Comercio explican que, en casos como este, se debe mantener la cautela. La extirpación del tumor no significa necesariamente que la enfermedad haya desaparecido por completo ni descarta la posibilidad de que vuelva a manifestarse.
“El paciente deberá someterse a un seguimiento estricto, con controles que pueden prolongarse hasta diez años. No podemos asegurar que la enfermedad haya desaparecido por completo. Lo que sí podemos afirmar es que tiene un buen pronóstico, pero es imposible garantizar que el cáncer no vuelva a aparecer”, señala a este Diario José Vera, oncólogo de la Clínica Internacional.
A partir de la limitada información clínica difundida por el Vaticano, Carlos Castañeda, oncólogo e investigador asociado de la Universidad Científica del Sur, infiere que el tumor extirpado podría haber medido cerca de dos centímetros. El especialista explica que su tamaño es importante para determinar la necesidad de tratamientos complementarios, así como para conocer mejor el pronóstico del paciente.
“Si es que no tiene alteraciones moleculares, un tumor de 1 a 1,5 [centímetros], no hay más tratamiento que darle”, dice Castañeda.
El oncólogo comenta que los tratamientos posteriores a la cirugía dependen de las características del tumor. “Los ensayos clínicos con quimioterapia e inmunoterapia entran a partir de los cuatro centímetros, con ganglios negativos, y las terapias biológicas, como osimertinib y alectinib, necesitan tumores de tres centímetros”, precisa, en referencia a determinados estudios clínicos.
En tumores pequeños con características semejantes a las que infiere del caso del pontífice, Castañeda estima que el riesgo de recaída podría situarse entre el 10 % y el 20 %. Cifras que considera bajas para un cáncer como el del pulmón. Sin embargo, enfatiza que se trata de una aproximación, pues no se conoce el tamaño exacto de la lesión ni su estadio clínico. Si el tumor hubiera medido un centímetro o menos, añade, las posibilidades de que reaparezca podrían ser incluso considerablemente inferiores al 10 %.
Determinar cuándo una persona con cáncer de pulmón puede considerarse curada no es sencillo. Aunque la extirpación del tumor constituye un paso fundamental, los especialistas advierten que la enfermedad puede reaparecer incluso años después de la intervención. Por ello, el pontífice deberá someterse a controles médicos periódicos para vigilar su evolución.
“Generalmente, se puede tomar como referencia un periodo de seguimiento de diez años. Si durante ese tiempo no hay evidencia de la enfermedad, es muy poco probable que el cáncer vuelva a aparecer, aunque no se puede descartar por completo”, explica Vera.
Castañeda, por su parte, menciona que los primeros cinco años son especialmente importantes para evaluar la evolución del paciente. Según el experto, alrededor del 90 % de las recaídas del cáncer de pulmón se producen durante ese periodo, mientras que aproximadamente el 70 % ocurren en los primeros dos años.
Ambos especialistas consideran que, a partir de la información difundida por el Vaticano, el pronóstico del pontífice parece favorable. No obstante, coinciden en que será necesario observar su evolución antes de hablar de una curación definitiva.
Los dos oncólogos coinciden en que los resultados conocidos son alentadores. Sin embargo, León XIV deberá iniciar un periodo de vigilancia médica mediante controles y estudios de imagen que, en principio, no tendrían por qué interferir con sus actividades habituales, siempre que su recuperación transcurra sin complicaciones.
“Aparentemente, el papa se encontraba en un estadio clínico I, por lo que no necesitará tratamiento adicional. En estos casos, cuando el cáncer se detecta en una etapa temprana, la cirugía suele ser suficiente. Posteriormente, los pacientes pasan a un periodo de observación y seguimiento mediante estudios de imagen, como tomografías o PET. Dependiendo de los protocolos de cada país, estos controles pueden realizarse cada tres o seis meses y, después de cinco años, pasar a ser anuales”, comenta Vera.
Castañeda precisa que, de acuerdo con las guías internacionales que consultó, el seguimiento mediante tomografías suele realizarse cada seis meses durante los primeros dos años, un periodo especialmente importante debido al mayor riesgo de recaída.
El anuncio también refuerza las posibilidades de que el papa realice su próxima visita a Uruguay, Argentina y Perú, prevista del 6 al 17 de noviembre. Aunque su estado de salud había generado dudas sobre la realización del viaje, el Vaticano lo mantenía hasta ahora en su agenda oficial.
“Si no va a recibir tratamiento adicional, solo necesitará cuidados posquirúrgicos. La mayoría de las complicaciones suelen presentarse durante las primeras dos semanas o dentro de los dos meses posteriores a la intervención. Fuera de ese periodo, no considero que exista un riesgo mayor, salvo que contraiga alguna infección”, sostiene Castañeda.
La valoración del oncólogo coincide con lo señalado anteriormente por Stefano Margaritora, uno de los cirujanos que intervino al pontífice, quien había indicado tras la operación que, independientemente de los resultados de las pruebas posteriores, “no existen razones médicas que impidan” al papa realizar el viaje en avión.


