Esta semana se han escudriñado casi todos los detalles del triunfo arrollador del Partido Demócrata en las elecciones de medio término en Estados Unidos. O, mejor dicho, de la derrota aplastante de Donald Trump y cómo la economía terminó pasándole factura al presidente republicano por acciones provocadas por él mismo. Si en algún momento la intuición le funcionó, esta vez dejó de ser buena consejera, y los números apabullantes de estos comicios son una muestra de ello.
Mientras el Partido Republicano hace un análisis de cómo recuperarse, los demócratas también deben estudiar cuidadosamente sus movimientos si es que quieren regresar a la Casa Blanca y, sobre todo, sostener la confianza que los estadounidenses les han entregado nuevamente.
Porque los demócratas no han recuperado el control del Senado y la Cámara de Representantes solo por sus propuestas, sino que ganaron, básicamente, gracias al voto de castigo hacia Trump. O sea, no ganaron por sus méritos, sino por los deméritos del rival.
Es muy probable que, en los próximos meses, veamos un entrampamiento político, con el Congreso enviando propuestas y el presidente ejerciendo su poder de veto, por lo que el país estará en una pulseada constante para ver quién tiene más resistencia. Pero quedarse solo en eso no hará que la gente salga a votar en las elecciones del 2028.
Los demócratas tienen que ponerse a trabajar rápido y enfocarse en soluciones creativas para no ahogarse con la resaca del triunfo. Zohran Mamdani, el alcalde de Nueva York y representante de los socialdemócratas, lo dijo claro: “No es suficiente ganar el poder. Tenemos que usarlo para entregar un cambio que la gente sienta en su billetera”. Porque de nada sirve ganar con contundencia si el bolsillo sigue sufriendo.
Y quedarse en la discusión retórica tampoco es una opción, porque los demócratas –sobre todo el ala más progresista– se han dado cuenta de que no se trata de una batalla cultural, sino de escuchar y saber gestionar las verdaderas necesidades de los ciudadanos. Algo que puntualizó con inteligencia James Talarico, el próximo senador de Texas, protagonista de una de las victorias más importantes del martes: “Cuando empiezas a juzgar si las personas no usan la terminología correcta, no estás construyendo una coalición para abordar los problemas reales”. Es decir, menos pronombres, más acciones.
Los demócratas que se han sacudido de su propio establishment están dando nuevos bríos a un partido que no supo hacia dónde ir desde la irrupción de Trump, y ya están apareciendo nombres, como Jon Ossoff o Gavin Newsom, que podrían hacer la competencia muy interesante en el 2028.


