Las precipitaciones que afectaron severamente las provincias de Piura y Chulucanas entre el lunes y martes último han sido consideradas como “intensas ligeras a moderadas”, pero se espera que la cosa se ponga peor, con lluvias mucho más fuertes –y devastadoras– hacia los meses de diciembre, enero, febrero y marzo, tal como lo ha advertido ayer el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi), por lo que es pertinente sostener que el panorama no es nada optiminista.
A nivel climático, todo lo que advierte la ciencia hasta el momento hace ver que estaremos ante un Niño catastrófico, incluso mayor a los que causaron terribles estragos en las décadas de los 80 y 90 del siglo pasado. Pero el problema no es solo esto, sino también la falta de preparación para hacer frente a esta anomalía climática. Se han comenzado a tomar medidas recién desde agosto de este año. Antes, en los gobiernos de Dina Boluarte, José Jerí y José Balcázar, no se hizo absolutamente nada.
Pero el problema viene de más allá. Hemos tenido la Autoridad Nacional para la Reconstrucción con Cambios (ARCC) y luego la Autoridad Nacional de Infraestructura (ANIN) que han contado desde hace casi una década con millonarios recursos. Sin embargo, a la primera precipitación “moderada”, la ciudad de Piura, el eterno foco de estos problemas donde va a llovar sí o sí con o sin Niño, termina inundada. Esto sólo se permite en un país como el Perú, donde la impunidad es pan de cada día.
Pero hay algo más. Las elecciones del 4 de octubre han establecido que tiene que haber segunda vuelta, prevista para el 6 de diciembre, en las regiones que más daños podrían sufrir por El Niño. Me refiero a Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, Áncash y Lima Provincias, lo que hará que los procesos de búsqueda de gerentes y funcionarios que se pongan a trabajar desde el 1 de enero del 2027 al lado de los gobernadores, va a ser muy corto, teniendo en cuenta, además, que el último mes del año tiene múltiples feriados.
El cóctel es peligroso: clima agreste que no dará tregua y que desde ahora viene mostrando su furia, mal uso de recursos, falta de obras de prevención por irresponsabilidad de mandatarios transitorios y gobernadores regionales novatos que tendrán que ponerse a trabajar en medio de lluvias y desbordes, con equipos de profesionales formados con pocos días de anticipación. No se trata de generar miedo, pero lo que se viene es muy duro para los que se encuentran en zonas vulnerables y al país en general.

