Ignacio Buse transforma un día gris, de llovizna en alegría. Diría que detuvo unos minutos la garúa: son las 11 de la mañana aquí y en París acaba de ganar el partido más importante de su carrera, doble 6-4 ante el 5 ATP del mundo Daniil Medvédev. Otro paso más en su crecimiento. Y aunque el triunfo es tapa hasta de los no deportivos, la gran noticia es otra. Menos pirotécnica y más invisible: estamos en la mejor temporada de un tenista valiente, con altísima personalidad y cuyo techo, a los 22 años, tiene la estatura de un rascacielos. O como dijo Lucho Horna hace unos meses, sobre hasta dónde puede llegar: “No lo sé, pero juega como un top ten”.
La personalidad la explica, quizá, el punto decisivo ante el ruso: se jugaba el servicio de Medvédev y el partido iba 5-4 a favor del peruano. Había opción de match point para Buse, que estaba 40-30 arriba, y no lo podía desaprovechar. Entonces no se le movió un músculo, fue y pegó. Su valentía en los segundos finales se resume desde el intercambio de golpes con el 5 del mundo, ya irascible minutos antes, peleándose con su raqueta, hasta el derechazo final profundo que ya es su copyright. Un golpe seco, de avanzada, como el passing shots de Yzaga ante Sampras o el drive de Horna frente a Federer, cuando veíamos la tierra batida sin HD.
Como en los 80 con Arraya, en los 90 con Yzaga y en los primeros 2000 con Horna, el tenis peruano tiene un nuevo, notable apellido para acariciar los cuadros principales de los torneos más duros del planeta. No es fácil nunca competir en una disciplina tan competitiva, de élite y resultadista como el tenis donde más allá del apoyo de la empresa privada y los esfuerzos de la federación combativa, siempre es un milagro familiar. Siempre son los ahorros, la disciplina individual y el sacrificio los únicos socios. La oportunidad no es, por supuesto, tan ambiciosa para soñar con la masividad del fútbol o la popularidad de las voleibolistas. Sí en cambio para pensar que, en esta historia de Nacho Buse, hay combustible para otro joven deportista que está ahí y todavía no vemos. Y si gana este jueves al portugués Nuno Borges por el Masters 1000 de París, más combustible. Hasta la leyenda Boris Becker lo espera: “Buse es un talento increíble. Esperando cosas buenas de él el próximo año 2027”, dijo ayer en su cuenta de “X”, en un elogio no regalado para el peruano bandera. El éxito también deja esta huella: querer ser un Jaime, un Lucho y ahora un Buse.
Buse is an incredible talent ! Expecting good things from him next year … 2027 !
— Boris Becker (@TheBorisBecker) November 4, 2026


