El señalamiento que hace el policía en retiro Carlos Orlando Díaz Díaz contra el senador de izquierda radical Íber Maraví, de que el 22 de agosto de 1982 participó directamente en un ataque senderista armado contra el puesto policial de Vilcashuamán, en Ayacucho, es muy grave y debe ser al menos investigado por el Ministerio Público y la Policía Nacional, pues además hay contundentes antecedentes del pasado de este personaje retornado a un cargo público por Roberto Sánchez, su partido y el voto de los ayacuchanos.
El testimonio de Díaz Díaz no puede ser pasado por alto, pues ya desde 2021, cuando Maraví fue ministro de Pedro Castillo, se sabía que este personaje que en los últimos años ha sido parte del sindicato de docentes vinculado al Movadef, figuraba en atestados policiales de inicios de los años 80 que lo vinculaban con atentados dinamiteros en Ayacucho. Esa revelación generó tal escándalo, que el futuro golpista tuvo que mandar a su casa a este “explosivo” miembro de su gabinete.
Esto no es “terruqueo”. Si Maraví pedía evidencias del pasado que se le atribuye, allí está la imputación del sobreviviente de la matanza de la comisaría de Vilcashuamán, la cual ya está en manos de la Policía y debería ameritar por lo menos una investigación del Ministerio Público, y quizá también a nivel político en el Senado, donde este señor ocupa un escaño pagado por todos los peruanos, incluso por las víctimas y familiares de los caídos por acción del terrorismo.
Un comentario aparte merece la indignación que deben sentir los antiguos policías que fueron a exponer su vida a Ayacucho a inicios de los años 80, al ver que cuatro décadas después, esa misma región que casi fue arrasada por las brutales huestes de Abimael Guzmán, esa región donde está el distrito de Lucanamarca, donde hubo una masacre de campesinos dirigida por Hildebrando Pérez Huarancca, el suegro de Maraví, ha elegido como uno de sus representantes a quien figura en atestados como autor de diversos ataques.
Irónicamente esta gente de izquierda radical hermanada con bandas terroristas y defensora de un golpista y corrupto como Castillo –a quien incluso quieren que el papa León XIV bendiga en su celda de Barbadillo–, es la que desde el Congreso pretende dar hoy lecciones de lucha contra la inseguridad ciudadana, de respeto al pensamiento discrepante, de moral, de eficiencia en el manejo de los recursos públicos, de prevención ante desastres naturales y de defensa de los derechos humanos. El mundo al revés.

