En medio de la ruta, con el auto volcado y el título de Caminos del Inca 2026 amenazado, Eduardo Castro -que había dominado el rally desde que inició- no encontró un equipo de mecánicos ni una asistencia programada. Encontró a la gente de Ayaviri, Puno. Fueron los propios pobladores quienes se acercaron para ayudarlo a poner nuevamente su Ford Fiesta Rally3 sobre la carretera y permitirle continuar una carrera que parecía perdida. El piloto huancaíno salió ileso del accidente, pero sabía que cada segundo podía costarle el campeonato. Lo que ocurrió después fue una muestra de solidaridad que terminó marcando su décima participación en la competencia: con el auto nuevamente en pista y la esperanza recuperada, Castro volvió a acelerar para defender el liderato.
La ayuda de aquellos pobladores adquirió un valor todavía mayor cuando Castro cruzó la meta y se consagró campeón por segunda vez, con apenas 36 segundos de ventaja sobre André Martínez. No fue una victoria cualquiera. Detrás del resultado hubo una remontada emocional y deportiva que el propio piloto reconoce que no habría sido posible sin quienes se acercaron a auxiliarlo en Ayaviri. “Siento que el 90% del triunfo es de ellos, ya no es de mi persona”, confiesa a El Comercio.
—En tus palabras, qué significa que El Inca te elija como ganador de esta edición de Caminos?
Lo que te puedo decir, en base a mi experiencia corriendo Caminos -es mi décimo Caminos del Inca-, esta carrera es tan distinta a todas. He corrido carreras nacionales de alta velocidad, campeonatos mundiales, pero esta carrera tiene un dote especial que nosotros llamamos que “el Inca te escoja”. Y es totalmente cierto. El año pasado, que venía haciendo las cosas bien y apretando con buen ritmo, pasó algo inhóspito: se me apagó el auto por un problema con la bomba de combustible y no quiso encender en más de una hora, y se me fue la carrera. Este año, que tratábamos de hacer las cosas bien sin empujar el ritmo que habitualmente llevamos, nos volteamos. En ese momento dije: “segundo año consecutivo que se me va la carrera”. Y de no sé dónde vino la linda gente de Ayaviri, hicieron todo para poner el auto en pista y poder continuar. Fue muy emotivo y especial; hasta ahorita sigo pensando que esta carrera es mágica y nada está dicho hasta el final.
—¿Sientes que este Caminos del Inca lo ganaste por la gente?
Siento que el 90% del triunfo es de ellos, ya no es de mi persona. Fue un milagro en el mes de los milagros (octubre). Voltearse en un sitio donde menos esperas que haya gente y que te puedan sacar, y que el auto haya quedado perfectamente más allá de temas de chapón, fue increíble. Y te cuento algo: el ‘Mono’ Orlandini me pasa estando volteado, y a los dos minutos le pido pase y lo vuelvo a pasar. Cuando terminamos el tramo me decía: “pensé que te ibas a volver a volcar por cómo ibas, estabas endemoniado”. No quería dejar ir tan fácil el título porque lo habíamos venido peleando tramo a tramo, segundo a segundo.
—¿Qué fue lo primero que pensaste cuando tuviste ese accidente?
Lo primero que hice fue pedirle disculpas a Pinky (su copiloto) porque era un trabajo conjunto desde el primer día. Él había administrado la ventaja y sentí que se nos iba por un error de manejo de mi parte. Cuando él se baja del auto y me dice: “El auto está perfecto, dale para atrás”, no lo creía y le comencé a dar. En ese momento pensaba que se me iba Camino del Inca, te soy muy sincero. Pero cuando me dijo esas palabras fueron mágicas, apareció la gente y conjuntamente le comencé a dar para atrás y para adelante hasta salir de ahí.
—En esta edición de Caminos se habló mucho del público. ¿Sientes que el gran premio, más allá del título, ha sido el cariño que les mostró la gente?
Todos los años son especiales porque no se pasa por las mismas localidades. Yo que soy de Huancayo y he vivido Caminos del Inca desde que tengo uso de razón, sigue siendo la carrera más esperada de los lugares más lejanos del país. La manera en que te reciben siempre va a ser especial. Además, hoy por hoy la globalización e internet hacen que sepan quién eres, tu nombre y todo. Te esperan simplemente para tener una foto y compartir un ratito. Como he escuchado a muchos pilotos, Caminos es muy distinto a otros deportes: para el fútbol tienes que ir al estadio, pero para el rally solo tienes que salir a la puerta de tu casa a esperar que pasemos.
—Ese especial, el de la volcadura, terminaste apenas 21 segundos por delante de André Martínez. ¿Qué pensaste ahí? ¿Cómo manejaste esa pequeña brecha?
Ahí quiero recalcar que no perdí la punta.
—Claro, pero se te acercó a 21 segundos...
Me entero de que lideraba por 21 segundos cuando llego a donde me esperaba mi equipo. Yo llegué muy molesto porque no había visto los tiempos; Pinky firmó y nos fuimos rápido para reparar el auto. Cuando llego, mi jefe de mecánicos me dice: “Tranquilo, que todavía estamos ganando”. En mi cabeza yo pensaba que había perdido 10 minutos, no tenía noción del tiempo. Me dijo: “Estás ganando por 21 segundos; lo único que vamos a hacer es reparar tu auto y sal a fondo”. En el siguiente especial le dije a Pinky: “Ahora sí me vas a ver manejar; cero administración, o ganamos o nos quedamos acá”. Recuperamos cerca de dos minutos y eso nos dio tranquilidad
—¿En qué momento se define el título?
En el tramo final después de la volcadura. Faltaba un factor estratégico que salió diez de diez: a las 5 de la tarde, cuando escogemos el orden de partida, vi que André escogió partir primero. Mi estrategia era seguirlo y lanzarme segundo para ir administrando el tiempo que él llevaba en competencia. Si él hubiese escogido partir quinto, yo habría salido a apretar. Pero al escoger primero, me fui segundo para tenerlo marcado, y así fue.
—El ‘Mono’ Orlandini decía que el que dice que no va a fondo en Caminos es porque no ha estado entre los punteros. Tú, dos veces campeón y siendo líder, ¿cómo se sale en cada especial? ¿Coincides con Orlandini?
Monitoreo mis latidos con mi reloj y con Pinky nos dimos cuenta de que voy mucho más tranquilo cuando voy rápido que cuando voy lento. Cuando voy lento pienso en diez mil cosas y el ritmo cardíaco me sube a 156 bpm (latidos por minuto). En los tramos finales que fui a fondo a recuperar, mi ritmo cardíaco llegaba a 110 bpm nada más; es una cosa de locos.
—Tu hermano Carlos habló de traer el Rally 2 el próximo año. En términos de inversión, ¿de cuánto estaríamos hablando?
Un Rally 2 es un auto demasiado caro, rondan entre 350,000 y 400,000 euros puesto en Europa. Martínez ya tiene uno, y nosotros hemos tenido tres cuando competimos en Chile y Perú. Hay que esperar las regulaciones de la FIA. Más que traer el auto, habría que ordenar la casa y que la FEPAD ((Federación Peruana de Automovilismo Deportivo) regule bien todas las categorías.
—¿Cómo hacer para que Caminos sobreviva mucho tiempo con el mismo nivel de ánimo tanto en competidores como en la afición?
André y yo dimos un paso grande: antes la carrera se definía por muchos minutos, hoy por segundos gracias a la paridad de los autos. Hay que regular muy bien las categorías, buscando armar un auto semejante al Rally 3 versión nacional para que salgan 20 o 30 pilotos a ganar con distintas marcas. Además, debido al asfaltado de rutas, en algún momento Caminos podría migrar a un formato similar a la Vuelta al Ecuador: viajar de ciudad en ciudad y hacer tramos cronometrados pequeños, explorando lugares como la selva.
—¿Es posible que equipos extranjeros se animen a correr Caminos del Inca? ¿Qué les podría ser atractivo?
Caminos del Inca es una carrera única en el mundo, pero para atraer pilotos extranjeros lo principal es la seguridad y estar alineados a la FIA. Por ejemplo, en esta edición el extintor AFF de nuestro Ford Fiesta apagó el incendio del auto de Jorge. Si no tuviéramos esa regulación de seguridad FIA, el auto se terminaba calcinando. Hay que darle mucho énfasis a la seguridad.
—¿Cuál es el secreto para ganar Caminos?
Saber llevar el ritmo. Desde chico fui atleta (pentatlón, maratón) y entendí cómo responde el cuerpo según la distancia. Lo mismo pasa con el auto: hay que entender que el auto también se cansa y hay que prepararlo; no es salir a fondo, sino tener mucho ritmo en la cabeza y saber cuándo cuidar y cuándo apretar. Hasta el momento me está resultando.
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