Hubo un tiempo en que para comprar un televisor, un videojuego o el pan de la bodega había una opción predominante: pagar en efectivo. Las tarjetas de crédito todavía no estaban extendidas y los comercios tampoco contaban con los dispositivos que hoy forman parte de cualquier caja registradora.
Antes de los POS electrónicos que hoy utilizan los comercios, estos se valían de máquinas manuales que registraban los datos de la tarjeta sobre formularios de papel.
Daniel Chicoma, especialista en e-commerce, recuerda aquellas operaciones como una especie de copia de la tarjeta, que dejaba un registro para el comercio, el banco y el cliente.
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La siguiente etapa llegó en los años 90, cuando comenzaron a extenderse los POS electrónicos. El dispositivo permitió que los comercios procesaran de manera más rápida los pagos con tarjetas de crédito y, posteriormente, de débito. Su uso se concentró inicialmente en establecimientos más grandes, mientras que negocios pequeños continuaban dependiendo principalmente del efectivo.
Durante años, los comercios podían afrontar esquemas separados según la marca de tarjeta que quisieran aceptar para pagos. En el 2016 todavía no existía interoperabilidad de los POS y los adquirentes –empresas que conectan los comercios con las redes de tarjetas para permitirles aceptar pagos electrónicos– eran exclusivos por marca, según el Banco Central de Reserva (BCR).
Luego, en el 2019, los adquirentes pasaron a esquemas multimarca, con la transformación de VisaNet y Procesos MC en Niubiz e Izipay, respectivamente.
Billeteras
El siguiente cambio se produjo con las billeteras digitales. Yape o Bim, por ejemplo, aparecieron antes de la pandemia, pero inicialmente no existía una necesidad suficientemente extendida para utilizar este tipo de aplicaciones, según Chicoma. La situación cambió durante el covid, cuando el distanciamiento y la reducción del contacto físico impulsaron el uso de pagos digitales.
En febrero del 2020, el BCR estableció el reglamento para los pagos mediante códigos QR y señaló que esta tecnología podía facilitar el acceso de pequeños negocios a los pagos digitales, incluso sin contar con un POS.
Poco después, el QR también llegó al propio POS. De esta forma, un mismo equipo puede recibir un pago con tarjeta o mostrar un código para que el cliente lo escanee desde su celular. El BCR señala que adquirentes como Niubiz e Izipay ofrecen esta posibilidad, mientras que los comercios sin POS pueden exhibir códigos QR impresos.
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Tap to phone
En el 2020, Visa también comenzó a desplegar Tap to Phone, un sistema que permite convertir un smartphone en un terminal de cobro, sin necesidad de un equipo adicional y Perú estuvo entre los mercados de su lanzamiento. Esta alternativa llegó a los iPhone en el país recién en septiembre último.
El funcionamiento es similar al de un POS contactless, pues el comerciante ingresa el monto en una aplicación y el cliente acerca su tarjeta, teléfono o dispositivo compatible para completar la operación.
Pese a tales innovaciones, el POS no ha dejado de tener un espacio. Los comercios pueden utilizarlo para aceptar tarjetas, recibir pagos mediante QR y ofrecer otras alternativas. Y el celular se ha sumado como una nueva herramienta de cobro, comenta Chicoma.
La evolución no ha seguido una línea en la que un mecanismo sustituye completamente al anterior. Del efectivo se pasó a las tarjetas; luego, al POS, y posteriormente se añadieron los QR, las billeteras y transferencias desde el celular. Ahora, además, el propio teléfono puede funcionar como instrumento de pago y como terminal de cobro.
En el camino, lo que ha cambiado no es solo la tecnología utilizada para pagar, sino también el lugar donde ocurre la operación: de la caja y el efectivo se pasó al POS y, cada vez más, a la pantalla de un celular.
