Mientras el país discute el sobre de las faldas escolares, el Senado discute algo bastante más delicado. ¿Hasta dónde puede llegar la operatividad del aparato de inteligencia del Estado?
La Comisión de Constitución del Senado puso a votación un predictamen de facultades legislativas que no se limita a revisar lo aprobado por la Cámara de Diputados. Las materias siguen siendo dos, seguridad ciudadana y Fenómeno El Niño, pero los puntos sobre los que el Ejecutivo podrá legislar pasan de 20 a 27. Entre ellos reaparece uno que Diputados había dejado fuera: modificar el Decreto Legislativo 1141 para "fortalecer" la Dirección Nacional de Inteligencia y darle capacidad de hacer inteligencia operativa.
El Reglamento del Senado permite a la Cámara Alta aprobar, modificar o rechazar lo que llega de Diputados, pero no incorporar materias que esa cámara no aprobó. El Congreso bicameral empieza con una cámara tratando a la otra como entidad tramitadora.
Pero el asunto de la DINI no es de forma, sino de fondo. El esquema actual de inteligencia separa funciones: la DINI produce inteligencia estratégica y las operaciones corresponden a la Policía, al Ministerio del Interior y a las Fuerzas Armadas. Darle capacidad operativa a la DINI es borrar esa frontera. El Servicio de Inteligencia Nacional de los noventa no fue peligroso solo por ser órgano rector, sino por concentrar capacidad operativa casi sin límites ni control, con las consecuencias que todos conocemos.
Esta discusión, sin embargo, apenas ocupa espacio. El espacio lo ocupan los "Lineamientos para la gestión de la disciplina escolar en la Educación Básica", prepublicados por el Minedu mediante la Resolución Ministerial 613-2026-MINEDU: cabello corto para los varones, nada de maquillaje ni uñas pintadas, faldas debajo de la rodilla. La propia presidenta se encargó del énfasis: los "hombrecitos" deben ir con el pelo corto. Aunque la norma también clasifica faltas y considera muy graves la violencia sexual y el acoso, no es eso lo que el Gobierno eligió priorizar en la performance pública, ni lo que la conversación pública recogió.
Y es que mientras medimos faldas, el SíseVe registró 1,198 reportes de violencia sexual entre estudiantes entre enero y agosto de este año, 35% más que en el mismo periodo de 2025. Y en la última evaluación nacional, apenas un tercio de los niños de cuarto de primaria alcanzó un nivel satisfactorio en lectura. Ninguna norma sobre esmalte y maquillaje mueve esos números.
Entiendo que a muchas familias el tema de la presentación les importe. Es legítimo. Pero en política comunicacional hay asuntos que encienden la conversación y asuntos que la apagan. Así, el debate sobre el largo del cabello llena horas; el debate sobre quién podrá vigilar a quién y con qué control apenas ha sido recogido por unos cuantos espacios.
Cortinas que ya conocemos. Todas las discusiones pueden darse a la vez, pero no todas pesan lo mismo. El Pleno del Senado votaría el dictamen el lunes 19. Ese día convendría hablar menos de uñas y más de inteligencia.
*Politóloga y MPP


