Cuando BTS anunció en el 2022 que haría una pausa porque sus siete miembros debían cumplir con el servicio militar obligatorio en Corea del Sur, muchos pensaron que la superbanda de k-pop estaba cometiendo un grave error. Pero su retorno, con una gira mundial que esta semana llegó a Latinoamérica, está demostrando que la influencia de estas estrellas está intacta, y no solo en la arena musical.
Desde su debut en el 2013, BTS ha pasado de ser un fenómeno musical global a convertirse en un ejemplo magistral del poder político y cultural. Gracias a sus récords musicales, logros económicos y base internacional de fans –conocida como Army–, el grupo se ha consolidado como un referente de impacto global, con capacidad de influencia en la política internacional y el discurso social.
Si bien RM, Jin, Suga, J-Hope, Jimin, V y Jung Kook no respaldan a partidos o ideologías específicas, han expresado su apoyo a causas como el movimiento contra el racismo y la campaña “Love Myself”, iniciativa que lanzaron junto a Unicef para combatir el abuso, el acoso escolar y la violencia contra los jóvenes en todo el mundo.
En el 2018 esa consigna llevó a BTS a dar un histórico discurso ante la Asamblea General de la ONU. “Hemos aprendido a amarnos a nosotros mismos, así que ahora les insto a que se expresen [...] No importa quién seas, de dónde vengas, el color de tu piel, tu identidad de género: habla con franqueza”, dijo el líder de BTS, Kim Nam Jun, conocido como RM. Los artistas volvieron a la asamblea en los años 2020 y 2021.
Los reyes del k-pop también visitaron la Casa Blanca en mayo del 2022 para denunciar el racismo contra personas de origen asiático. La banda fue recibida por el entonces presidente Joe Biden, quien reconoció la influencia global de BTS y afirmó que lo que hacen “es bueno para las personas”.
Yeondong Jeong, cónsul encargado de asuntos culturales de la Embajada de la República de Corea en el Perú, dice que el poder político y social de BTS no proviene de la coacción ni de la autoridad, sino de la empatía y la solidaridad. “Utilizan su influencia de forma inteligente y auténtica para derribar las barreras de raza, generación y nación, actuando como catalizadores para crear un mundo más inclusivo y sostenible”, señala a El Comercio.
Marca nacional andante
BTS –destaca Jeong– se ha convertido hoy en la “marca nacional andante” más influyente de Corea del Sur. Por eso, en el 2021, el entonces presidente Moon Jae-in nombró a los siete integrantes de la banda “enviados presidenciales especiales para las futuras generaciones y la cultura”.
Para Jeong, mientras en el pasado la imagen nacional del país era algo pesada y rígida -donde se destacaba su resiliencia tras la guerra, su rápido crecimiento económico o los riesgos geopolíticos derivados de la cuestión nuclear norcoreana-, la aparición de BTS, y su poderosa compañía musical Hybe, ha redefinido a la nación como un “país más moderno, creativo y culturalmente avanzado que se solidariza cálidamente con el mundo”.
Carlos Aquino, director del Centro de Estudios Asiáticos de la UNMSM, señala que BTS es el grupo musical con más influencia cultural y política en la actualidad, lo que ha llevado a Corea del Sur a usar a la banda como una herramienta de diplomacia que ha sido clave para consolidar al país como una potencia cultural.
“Este y otros grupos musicales, y en general el k-pop, hacen que Corea del Sur, un país relativamente pequeño, tenga un poder blando mucho más grande que, por ejemplo, Japón o China, que tienen un mayor producto interno que Corea”, señala a este Diario.
BTS sabe el alcance de su poder. Cumplir con el servicio militar obligatorio cuando los hijos de personas adineradas son acusadas de evadir esa responsabilidad, o llamar a su álbum de regreso “Arirang”, en alusión a un himno folclórico coreano que rinde homenaje a la resiliencia y el orgullo del país, son pruebas de que no actúan a la ligera.
Una foto con BTS
El respaldo masivo a BTS es atractivo hasta para los políticos de varios países. Además de Biden, el presidente francés Emmanuel Macron y la mandataria mexicana Claudia Sheinbaum se han reunido con los artistas y compartieron fotos junto a ellos en las redes sociales.
“La presidenta Sheinbaum recibió en mayo a BTS en el Palacio Nacional y se dio un balconazo de popularidad. Keiko Fujimori también ha manifestado su interés. Los líderes políticos sienten que invitándolos y hablando de ellos elevan su popularidad”, dice Aquino.
En tiempos convulsos como estos, apostar por el poder blando es una estrategia eficaz. “Es mejor incrementar la influencia en el mundo a través del poder cultural y no del poder militar. Es una lección para el resto de países”, concluye Aquino.
