El Gobierno ya tiene las 20 facultades que la Cámara de Diputados aprobó otorgarle, más las siete adicionales que pudo rescatar luego de un duro enfrentamiento en el Senado con buena parte de la oposición.
Después de esto, hay que mirar hacia adelante, y no porque no haya mucho que corregir de lo que ha pasado, sino justamente porque el futuro inmediato va a estar impregnado de las esquirlas que las últimas batallas han dejado.
Un primer tema es que, de aquí en adelante, la pelota ya está en la cancha del Ejecutivo. Tiene hasta 90 días para legislar y para enfrentar un enorme desafío, porque lo que le han aprobado es justamente lo que quería y decía necesitar para enfrentar los problemas más graves que tiene y que tendrá el país en los siguientes meses: la delincuencia y los efectos de un fenómeno de El Niño que ya está entre nosotros y cuyos efectos son realmente impredecibles, por más que se sospechen.
En poco tiempo, la población empezará a reclamarle resultados sobre la base de estas facultades, y, por lo menos en estos temas, esa población ya no aceptará justificaciones o postergaciones. La forma en que el Ejecutivo logró ese premio de consuelo luego de tanto desacierto hace que todos los ojos estén puestos ahora en lo que hará el Gobierno.
Por eso, no parece ser una buena idea que tanto el presidente del Senado como el primer ministro sigan quejándose y atacando o adjetivando. En política, las cosas dan vueltas muy rápido, y lo que subió hoy baja mañana con mucha velocidad, a veces con solo una frase o un hecho inesperado.
Para todos los demás temas que quedaron fuera, se utilizarán decretos de urgencia y proyectos de ley, como anunció el primer ministro anteayer, que es lo que muchos especialistas y políticos de todos los sectores le reclamaron al Ejecutivo desde el primer momento en que se iniciaron los debates en el Congreso sobre este asunto.
Hay varias medidas que el Gobierno viene ejecutando en el norte del país, y otras que ha anunciado en las últimas horas, como el paquete fiscal de S/ 18,000 millones para tratar de mitigar el impacto del fenómeno de El Niño, que no necesitaban de facultades legislativas. Por eso, es bueno concentrarse en lo que puede hacer rápida y eficazmente con lo que tiene, y así mostrar que no está esperando o que solo le queda rezar y decirle a la gente que se prepare para lo peor o que líe sus bártulos y se vaya a otro sitio.
Lo que ha quedado por corregir y por analizar en el Congreso no es poca cosa. Y muy probablemente las facturas por cobrar recién estén por llegar.
Lo que sí ha quedado claro es que hay mucho por corregir en la relación entre diputados y senadores. En realidad, los que relegaron al Senado a ser prácticamente un notario, fueron quienes diseñaron este neobicameralismo y quienes redactaron los reglamentos, convirtiendo a ambas cámaras en compartimentos estancos, donde cada una hacía “su” trabajo sin retroalimentarse ni relacionarse.
Por otra parte, todavía es muy pronto para tratar de reclasificar a las bancadas de diputados o de senadores como de derecha, de izquierda o de centro. Esta ha sido solo una votación en el Senado, en la que las bancadas se han dividido circunstancialmente y no sabemos por qué. Pero eso puede cambiar mañana o pasado mañana.
Hablar de un nuevo bloque oficialista o de un nuevo “fiel de la balanza” en bancadas que tienen congresistas que ni siquiera han podido justificar bien su voto o cuyos líderes han zigzagueado durante todo el proceso electoral de la primera y la segunda vuelta, es bastante apresurado.
Y la prueba más palpable es que muchos alababan a la bancada de Buen Gobierno y ponderaban las cualidades de varios de sus congresistas, señalando que era el mejor “fiel de la balanza”, y ahora los insultan, les dicen “furgón de cola de Juntos por el Perú” y hasta los llaman “traidores a la patria”, a pesar de que la bancada de diputados de Buen Gobierno votó por otorgar las 20 facultades, a diferencia de Roberto Sánchez y de Juntos por el Perú, que no querían otorgar ninguna.
¿Por qué Buen Gobierno se abstuvo al final y por qué dos congresistas votaron con los fujimoristas? Eso es algo que ellos tendrán que explicar, pero que muestra que no se puede etiquetar ni clasificar a las bancadas, por lo menos por ahora, como positivas, buenas, confiables, patriotas o sinceras. Varias bancadas actúan de acuerdo con cómo viene el viento.
Ahora, quienes alabaron a Buen Gobierno alaban a Obras y los enaltecen, pero cuidado con esa balanza y su fiel, que vienen leyes bastante controversiales y ahí los queremos ver.
Otra cosa ha sido ver cómo los senadores de varias bancadas han votado de manera diferente y contra lo que votaron y defendieron los diputados del mismo partido. ¿Qué pasó en el camino? Tendrán que revisarlo y analizarlo, pero si no se ponen de acuerdo o si no establecen bien sus criterios, cada uno votará como mejor le parezca. Y no vengan con aquello de que los parlamentarios no están sujetos a mandato imperativo, porque una cosa es eso y otra es mandarse por la libre o “arreglar” con otros.
Hay, por supuesto, muchas otras lecciones que deja este proceso de las facultades, pero lo importante es poner paños fríos, dejar la calentura y la piconería de lado, aprender las lecciones y mirar al futuro jugando ajedrez y no damas.
Enrique Castillo es periodista


