La reciente entrega del Nobel de Literatura a Anne Carson vuelve a poner la atención en una de las voces más originales de la literatura actual. Poeta, ensayista y traductora nacida en Toronto en 1950, Carson siempre mezcló distintos géneros y formas, incluyendo en sus obras elementos de la literatura y la filosofía de la antigua Grecia.
Una entrevista hecha en 2024 por la escritora noruega Linn Ullmann permite ahora conocer mejor algunas de las ideas que recorren su obra y su forma de ver el mundo. En la conversación se tocaron temas muy variados, como la escritura, la memoria, la muerte de su madre, la crisis de los refugiados sirios, el envejecimiento y su diagnóstico de Parkinson.
Anne Carson y su reflexión sobre sentirse superior a los demás
Uno de los momentos más llamativos de la conversación fue cuando Carson habla de sus clases de boxeo, una actividad que comenzó a practicar como parte de las terapias recomendadas para el Parkinson. La experiencia la llevó a cuestionar una actitud que, según reconoce, había formado parte de su manera de relacionarse con otras personas.
“Soy básicamente una intelectual arrogante que piensa que soy un poco mejor que todos los demás porque he leído todos estos libros. Y estas personas de la clase de boxeo no son en su mayoría académicos o intelectuales. De hecho, no leen en absoluto, por lo que puedo ver. Ven televisión y van a la clase de boxeo. Y podría descartarlos, por tanto, porque no son como yo. Y poco a poco aprendí a no hacer eso”, señaló en aquella ocasión.
Carson explica que cambiar esa mirada le permitió prestar mayor atención a las particularidades de cada persona.
“Y cuando no haces eso, entonces empiezas a ver que cada uno de ellos es realmente bastante único, probablemente loco y dispuesto a ser amable contigo. Así que, ya sabes, ese tipo de atención a los detalles te lleva a algún lugar más verdadero que generalizar”, afirmó.
La escritora que encuentra movimiento en el arte
Esa idea de observar lo particular también está relacionada con su concepción de la literatura. Al analizar su trayectoria, Carson resumió lo que espera de una obra de arte con una frase que refleja su propia manera de escribir: “Tu mente quiere moverse, y lo mejor que puede hacer una obra de arte es llevarse tu mente con ella, moviéndola hacia algún lugar al que nunca esperabas llegar”.
La autora también reflexionó sobre la manera en que las personas consumen información sobre tragedias y sufrimiento.
“Siempre me parece, cuando contemplo las noticias, como las llamamos, cómo puedes leer una historia sobre tragedia y trauma y entrar en el dolor de eso y luego cerrar el periódico e ir a hacer tostadas. ¿Cómo hacemos eso? ¿Cómo dejamos simplemente que la inexistencia esté justo al lado de la existencia?”, cuestionó.
Parkinson, envejecimiento y una “puerta negra”
El diagnóstico de Parkinson ocupó otro espacio importante en la conversación. Carson contó que durante un par de meses asistió a clases de boxeo, una actividad que se recomienda para esta enfermedad porque ayuda a trabajar la coordinación entre manos y ojos, además de las secuencias de movimientos.
La escritora también abordó el paso del tiempo y la mortalidad desde una perspectiva especialmente contundente. Al hablar del envejecimiento, se refirió a la sensación de acercarse a esa etapa de la vida: “Te despiertas y tienes 70 años. Al mirar hacia adelante, ves una puerta negra. Empiezas a notar que la puerta negra siempre está ahí, en el borde, la mires o no”.
Carson, la traducción y el valor de la duda
Como traductora, Carson también reflexionó sobre la dificultad de trasladar exactamente una idea de un idioma a otro. Para ella, entre el original y la versión traducida existe un espacio en el que podría encontrarse una expresión perfecta, aunque resulte imposible alcanzarla completamente:
“La traducción es un proceso extraño. Tienes el original y tu versión. Y entre ellos, vislumbrada quizás en esa grieta del libro entre las dos partes, tienes lo que debería decir, el lenguaje entre esas dos cosas, pero no puedes llegar a él desde ninguno de los dos lados”, indicó.
La conversación terminó conectando literatura, filosofía y duda. Carson recordó la famosa frase de René Descartes, “pienso, luego existo”, pero destacó una formulación anterior: “Dudo, luego pienso, luego existo”.
Para la escritora, esa diferencia resulta provocadora porque, según explica, todo puede comenzar con la duda o incluso con la vacilación.
“Todo comienza en la duda, o también podría significar vacilación, pero es la misma idea”, concluyó.


