El público se puso de pie para aplaudirlo. Andrés Dulude, la voz de Frágil, volvió a emocionarse sobre un escenario. Pero esta vez fue diferente. Tras más de cuatro décadas dedicadas a la música, recibió el cariño de quienes crecieron con sus canciones y de nuevas generaciones que descubrieron en “Av. Larco” un himno del rock peruano. Aquella ovación parecía devolverle, por unos instantes, todo lo que había entregado a la música a lo largo de su vida.
“Me parece increíble que después de 45 años esta canción siga provocando tanta emoción”, confiesa el músico al recordar el homenaje que recibió el 15 de octubre durante una función de “Av. Larco, el musical”.
La alegría de aquel reencuentro contrasta con el difícil momento que atraviesa. Dulude enfrenta un cáncer de vejiga cuyas secuelas del tratamiento han afectado su movilidad. A ello se suman las dificultades económicas que, por ahora, le impiden continuar con sus controles médicos.
De la calle al himno
“Av. Larco” nació de las noches que Dulude y sus compañeros de Frágil compartían después de los ensayos. La banda practicaba en un estudio vinculado al propietario de Radio Miraflores, donde se producían jingles para radio y televisión. Al terminar, caminaban por la avenida Larco, doblaban por Shell y llegaban hasta la zona que años después sería conocida como la calle de las Pizzas.
Entre casonas, jóvenes reunidos, música y tragos, el cantante encontró la inspiración para escribir la canción que años después se convertiría en un himno del rock peruano.
“Eso era lo que pasaba: la música, el trago, las chicas, tal como dice la canción. Eso fue lo que me inspiró a escribirla”, asegura.
Curiosamente, “Av. Larco” fue la última canción en incorporarse al disco y sus integrantes la consideraban el patito feo del álbum. Originalmente se titulaba “La Dolce Vita”, pero los productores decidieron cambiarle el nombre y convertirla en el tema principal de la producción.
“Tuvieron buen ojo”, reconoce Dulude, sin ocultar su sorpresa por la dimensión que alcanzó aquella decisión.
Más de cuatro décadas después, “Av. Larco” sigue emocionando a distintas generaciones. Dulude recuerda conmovido los conciertos en los que abuelos, padres e hijos compartían su pasión por Frágil.
“Han ido abuelos con hijos y nietos, todos con su camiseta de Frágil. Eso es bien emotivo. ¿Qué puede ser más grande que seguir presente en la memoria de tanta gente después de tantos años?”, reflexiona.
La música antes que el dinero
Su relación con los escenarios comenzó mucho antes de Frágil. De niño imitaba a Nat King Cole en reuniones familiares. Su padrino lo animaba a cantar y su madre le regalaba discos de Raphael, The Beatles y The Beach Boys, que escuchaba una y otra vez hasta aprenderse las canciones.
A los 18 años se vinculó con músicos de su barrio y empezó trabajando como técnico, reparando amplificadores y cambiando fusibles. Más adelante cantó coros en Sono Radio, participó en festivales y pasó por distintas orquestas.
Con Frágil encontró una manera distinta de hacer música, aunque eso significara renunciar a oportunidades económicamente más atractivas.
“Muchos colegas se dedicaban a tocar en fiestas sociales, a la publicidad o a acompañar a otros artistas. Ganaban mucho dinero. Nosotros nos dedicamos a escribir canciones y tocar en conciertos. No teníamos la misma respuesta económica”, explica.
No se arrepiente. Para él, la recompensa llegó con el reconocimiento que hoy recibe su música.
“Nosotros nos dedicamos a la parte espiritual de la música. Y ahí nos mantenemos”, afirma.
Las dificultades
Como técnico de sonido, Dulude trabajó en eventos con figuras internacionales como Celia Cruz, Rubén Blades, Héctor Lavoe, Raphael y Óscar D’León. Esa experiencia también le permitió conocer de cerca las desigualdades de la industria musical, especialmente las diferencias en las condiciones técnicas que recibían los artistas extranjeros y las bandas peruanas.
Una de esas experiencias ocurrió cuando Frágil fue convocado para abrir un concierto de The Rolling Stones. Según cuenta Dulude, les prometieron ciertos recursos técnicos, pero al llegar encontraron varias restricciones.
“Los Rolling Stones eran los Rolling Stones. Ellos podían utilizar todo el estadio: luces, sonido, pantallas, pasarelas. A nosotros nos limitaron a un espacio. No es una queja, pero sí una desventaja”, sostiene.
El músico asegura que vivió situaciones similares con otras agrupaciones internacionales y cuestiona la falta de apoyo al rock peruano. “Al rock no le falta nada. Lo que le falta es a la gente que trabaja en el ambiente del rock”, afirma.
Recuerda, además, que algunos programadores radiales les insinuaban pedidos materiales a cambio de difundir sus canciones, mientras los artistas extranjeros contaban con el respaldo de grandes compañías. Aunque reconoce que las redes sociales han abierto nuevas oportunidades, considera que el talento sigue necesitando una industria que lo respalde.
La lucha continúa
El presente de Andrés Dulude está marcado por una batalla mucho más difícil que cualquiera de las que libró en la música.
El cantante enfrenta un cáncer de vejiga y una polineuropatía axonal severa que, según cuenta, desarrolló tras recibir un tratamiento de inmunoterapia. Esta complicación ha reducido la sensibilidad en sus extremidades, limitado su movilidad y hecho que necesite ayuda para realizar diversas actividades cotidianas.
“Pasé por un proceso muy fuerte que me ha restado sensibilidad en los nervios. No puedo estar parado mucho tiempo. Parte de las extremidades no las siento”, explica.
A las dificultades físicas se suma una situación económica que le impide continuar con la atención médica que necesita.
“Mi tratamiento está detenido mientras esperamos una respuesta de la aseguradora, que lleva más de seis meses sin pronunciarse”, detalla.
Dulude asegura que no ha podido realizarse los controles que le permitirían conocer la evolución de su enfermedad. Según cuenta, desde marzo no le practican una tomografía y desconoce su situación médica actual.
“No sé si tengo tumores, si han crecido o desaparecido. No sé nada. Estoy como un barco a la deriva”, expresa.
El músico también cuestiona la información recibida durante su atención médica y señala que sus abogados realizan gestiones ante SUSALUD, el INS (Instituto Nacional de Salud) el Colegio Médico, mientras la entidad responsable de su cobertura no resuelve su caso.
“He recorrido este camino con mucha fortaleza, pero la realidad ha sido dura: he enfrentado silencio, respuestas incompletas y un abandono que nunca debió ocurrir. Lo que busco es simple: que la verdad sobre mi tratamiento quede clara y se respete mi derecho a información clínica veraz y transparente. Confío en que las autoridades harán lo correcto, porque nadie debe quedar sin respuestas cuando está en juego su salud”, detalla.
Mientras tanto, busca alternativas para obtener ingresos. Entre ellas, vende polos relacionados con su trayectoria musical, una actividad que le permite cubrir parte de sus necesidades.
“Necesito ayuda económica para continuar mi tratamiento. Es muy caro”, afirma.
Y resume su realidad con una frase que contrasta dolorosamente con los aplausos que todavía recibe.
“No puedo pagar una factura con palabras. Tampoco puedo ir a que me hagan una radiografía y decirles que estoy muy agradecido. No puedo”, lamenta.
“Más allá de “Av. Larco”
A pesar de las dificultades, Dulude no ha dejado de escribir. Continúa componiendo, mantiene contacto con antiguos compañeros y trabaja junto a su esposa, Anita Purizaga, en un libro que llevará por título “Más allá de la Av. Larco”.
La publicación, prevista para el próximo año, recuperará las historias detrás de unas 40 canciones de su autoría y contará con ilustraciones de José Carlos Vargas, artista plástico escultor y dibujante , y fan del grupo Frágil.
El proyecto nació de una anécdota relacionada con “Pastas, pepas y otros postres”. Un día, mientras se encontraba en una farmacia, un hombre aparentemente bajo los efectos de drogas se le acercó para felicitarlo por aquella canción. La experiencia lo llevó a pensar que muchas de sus composiciones habían sido escuchadas sin que el público conociera sus verdaderas historias.
“Mi esposa propuso el título ‘Más allá de la Avenida Larco’, porque ‘Av. Larco’ no es lo único que he escrito. Tengo un montón de canciones”, explica.
Es su proyecto más cercano y también una manera de preservar los recuerdos de una vida dedicada a la música.
Hoy, lejos de los escenarios y en medio de una difícil lucha contra el cáncer, Andrés Dulude sigue encontrando refugio en la música. Aquella ovación le recordó que, después de 45 años, su voz continúa emocionando a generaciones. Ahora, el hombre que tanto le entregó al rock peruano necesita también el apoyo de quienes crecieron con sus canciones.


