Se lanzó como el hombre de la unidad del centro y de la izquierda. Al principio no respondía sobre sus filiaciones con esta última. No estábamos seguros de si le daba roche o era una estrategia. Era lo último. Se reunía con líderes de centro derecha como Rafael Belaúnde y Roberto Chiabra y a la vez se dejaba fotografiar con la izquierda de Verónika Mendoza. Ambos dudaron de él, lo descartaron y lo obligaron a una candidatura solitaria. Pero promisoria. Saltó la valla y se convirtió en senador nacional.
¿Qué lo animó a lanzarse, siendo un outsider del mundo académico? Tuvo su pequeña épica personal cuando, siendo rector, abrió las puertas de Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), a delegaciones estudiantiles del sur andino que venían a protestar contra Dina Boluarte y ‘a tomar Lima’ en el verano del 2023.
Mientras la UNI los acogía, San Marcos abría sus puertas para que la policía los allane. Tras ese contraste se forjó uno de los últimos partidos con base universitaria. Por cierto, los detalles y riesgos de aquello, se conocerán cuando quien haya ganado la elección para el rectorado de la UNI realizada ayer, empiece su gestión y hurgue en la contabilidad y convenios de sus predecesores.
Valga la pequeña intro para decir que Alfonso es un líder indeciso y lo ha mostrado una vez más esta semana cuando dijo, tras el conato de bronca entre el ministro César Astudillo y el senador radical Íber Maraví, que estaba tentado de “pedir su interpelación’, luego de haber descartado su censura (eso quiso decir, pues el ministro ya fue interpelado semanas atrás, el 17 de setiembre).
Alfonso ha entusiasmado a mucho profesional anti sistema; pero él no lo es. Le gusta hablar de progreso con inversión, de su paso como director del BCR y de unidad dentro de la izquierda y de la izquierda hacia afuera, de la comunión de todos los centros, de unir a todos para luego debatir sobre qué.
Pero su bancada, con personajes como Indira Huilca, Ruth Luque y Mirtha Vásquez lo jalan al progresismo de izquierda puro y duro. A la vez, personajes interdisciplinarios como Harvey Colchado y Jaime Delgado, lo alejan de la ideología. Harvey, por ejemplo, bregó para que su bancada, con la venia de Alfonso, perdone la vida a Astudillo; mientras las tres mujeres con experiencia parlamentaria le bajaban el dedo al general. ¿Y ahora qué hubo, Alfonso?
Sí a todos
La indecisión suele resultar de querer complacer a muchos, a sus discrepantes y a las otras bancadas. No busca el centro como Jorge Nieto del Partido de Buen Gobierno (PBG), que calcula cuando ceder al oficialismo y cuando radicalizarse; en él la idea de centro se parece a una indefinición. Los líderes de la derecha suelen ponderarlo como un hombre muy dialogante y dispuesto a los acuerdos, pero saben que su bancada tiene ideas más difíciles de negociar. Incluso Jair Manrique, el ‘joven de la tecnología’, tras hablar sobre ciencia, se apasiona y coincide con la línea dura.
Por lo tanto, López Chau no puede ofrecerse como otros líderes de partido y bancada, a ser fiel de balanza alguna. Si lo intenta, será solo de la suya donde puede dirimir algunos temas menores y dar pase al voto con libertad de conciencia donde el voto disciplinado fortalecería la capacidad de negociación de la bancada. El carácter, según relata su ex colaborador Carlos León Moya, se expresa con más decibeles hacia sus subalternos.
Alfonso se corre de las entrevistas, quizá para que no lo presionen a responder con definiciones que no quiere o no puede dar. Se siente más cómodo en los encuentros breves con el enjambre de micrófonos en la galería de Pasos Perdidos, con respuestas más cortas a preguntas que puede driblear.
A sus 76 años ya no tiene paciencia para interrogatorios largos como los que tuvo que pasar cuando se le reprochó una vieja columna ‘indulgente’ (así la llamó él aunque era más que eso) con el cabecilla emerretista Víctor Polay o cuando se le recordó un episodio carcelario de su juventud y lo achacó a una persecución de la dictadura velasquista. La verdad del incidente quedó en una nebulosa, como quedan algunas de sus posiciones políticas.
López Chau es el único caso de candidato presidencial que acabó de congresista. Rafael López Aliaga despreció su elección al senado, Roberto Sánchez no tuvo suficientes votos para ser diputado por Lima, y los otros que consiguieron bancada no postularon en la lista. Esa singularidad debiera ser suficiente razón para tenerlo en el candelero sopesando sus acciones y declaraciones políticas contundentes, antes que para destacarlo por sus dudas.


