En menos de dos meses, cerca de 1.700 alcaldes y alcaldesas asumirán la conducción de sus distritos en todo el Perú. Lo harán en un contexto desafiante, con realidades muy distintas, pero con una expectativa ciudadana compartida: que sus municipios sean capaces de responder a los problemas cotidianos de las personas. Hoy, apenas el 18% califica los servicios municipales como buenos o muy buenos (Barómetro de las Américas, 2026), así que el reto es enorme.
Para muchos peruanos y peruanas, el gobierno local es el primer punto de contacto con el Estado, donde experimentan de manera directa la capacidad o incapacidad de las instituciones, la política y la democracia.
Ser un buen alcalde combina ejercer liderazgo político, representar a una comunidad, gestionar recursos e implementar soluciones efectivas para problemas públicos. De esta labor depende en buena medida la efectividad, la confianza y la legitimidad de la democracia.
Con el propósito de potenciar esa labor, Recambio, la escuela apartidaria de formación política que colideramos, desarrollará el Programa de Alcaldes Electos 2026, una iniciativa implementada junto con el Instituto de Estudios Peruanos en la que acompañaremos a nuevas autoridades de 21 regiones y 25 partidos políticos con conocimientos, herramientas y acceso a una red plural que contribuya a fortalecer sus capacidades de gobernar efectiva y democráticamente.
Pero hay algo que hace distinta a esta iniciativa. En la escuela, creemos que no basta con ofrecer programas de formación; tenemos la responsabilidad de entender cuáles funcionan, para quiénes y en qué condiciones. Por eso, decidimos que este programa sea, al mismo tiempo, un experimento controlado aleatorizado (RCT por sus siglas en inglés), que nos permita identificar los efectos de distintos modelos de formación en el desempeño de las autoridades municipales.
Lo que caracteriza a este estudio es que los participantes han sido divididos aleatoriamente, mediante un sorteo, en tres grupos comparables: dos de ellos recibirán modalidades distintas de formación, mientras que el tercero será el grupo de control, que no recibirá el programa en el período de evaluación. Así, el seguimiento de sus gestiones permitirá comparar resultados y generar evidencia sobre qué herramientas y enfoques contribuyen a que los alcaldes distritales hagan una mejor labor.
Esto será posible gracias al respaldo del Fondo de Innovación para el Desarrollo (FID) de Francia, presidido por la premio Nobel de Economía Esther Duflo, que permite además que este estudio sea parte de una iniciativa a escala internacional con evaluaciones similares en India y Nepal.
Someter nuestro trabajo a una evaluación de este tipo es, por supuesto, un desafío muy grande. Confiamos en el valor de nuestra formación, pero no queremos que esa convicción sustituya a la evidencia. Queremos saber qué funciona y qué no. Hacerlo de la mano del trabajo innovador, riguroso e independiente de investigadores como Natalia Garbiras-Díaz y Mateo Montenegro, de la Universidad de Harvard y la Universidad de Toulouse, respectivamente, será clave. No tenemos cómo saber anticipadamente qué encontrarán, pero, si queremos ofrecer la mejor preparación posible a quienes buscan ejercer roles de liderazgo democrático, somos los primeros que tenemos que aprender.
La próxima semana, más de 100 alcaldes comenzarán este proceso y será un honor acompañarlos. Si queremos (re)construir la democracia en el Perú, tenemos que prestar más atención a los espacios donde la política se ejerce todos los días. Allí donde el Estado y la ciudadanía se encuentran, y la política se vuelve concreta.


