En el quirófano, cada segundo importa. Mientras un cirujano trabaja para reparar un corazón o una arteria, hay otro médico que no aparta la mirada de los monitores. Observa cada latido, vigila la presión arterial y está atento a cualquier cambio que pueda poner en riesgo al paciente. Su misión es clara: cuidar su vida durante la operación, tarea que cae en la responsabilidad del anestesiólogo, un especialista cuyo trabajo muchas veces pasa inadvertido, pero que resulta indispensable para que una cirugía se desarrolle de la manera más segura posible.

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